¿Qué pasó con Paty?
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 Misterio,… una familia desconsolada,… y una luz que brillaba tan intensamente como el más grande de los luceros que quedó truncada para siempre, puesto que su vida fue segada en la plenitud de su existencia.

Patricia Guardado García desapareció a plena luz del día,… y fue hallada muerta cuatro días más tarde en un lago formado por una cantera inundada. Después de seis meses, su asesino aún permanece sin identificar y, por tanto, continúa libre..

 

Érase una vez en Arkansas, una joven llamada Paty que al parecer estaba haciendo todo bien. Paty estaba plenamente dedicada a su familia, a su iglesia, a su trabajo, y a tener éxito en la universidad para conseguir su propio sueño americano, el que sus padres habían venido a buscar. No andaba en malas compañías. A cualquier joven le habría encantado tener a esta joven mujer linda, elegante, de cabello oscuro, prendada de su brazo. Paty sólo había tenido un novio serio en su vida, y había rechazado cortésmente a todos los otros pretendientes, ya que después de la ruptura, decidió poner todas sus energías en sus estudios universitarios.

Ella era “la buena”, dicen todas sus amistades, conocidos y familiares, la mejor de todos ellos, la persona más cariñosa, la más dedicada, la que siempre estaba dispuesta a ayudar.

Por lo tanto, fue un misterio todavía mayor cuando Patricia Guardado García, de 20 años de edad, simplemente desapareció al momento en que se dirigía a clases aquella mañana asoleada de octubre del 2011, dejando su auto Scion, color vino, perfectamente estacionado y con todos los seguros puestos en un lote detrás del Burger King en la avenida University, enfrente de UALR. Cuatro días más tarde, dos pescadores encontraron su cuerpo sin vida flotando en una laguna ubicada cerca del poblado de Sweet Home.

Aunque Patricia Guardado era latina, esta no es una historia latina. Esta es una historia sobre una joven estadounidense a la cual todos se habrían sentido orgullosos de llamar “su hija”, nacida y criada en Arkansas y que parecía estar haciendo todo bien y, aún así, encontró un final que ninguno de nosotros desearía ni a un enemigo. Amigos, familiares y los afligidos padres, todavía se preguntan ¿por qué? Los porqués los atormentan junto con el conocimiento de que ahí afuera, en alguna parte, hay un testigo con información que finalmente llevará a la justicia al asesino de Patricia.

Leonor García –la mamá de Patricia– nos dijo: “Ella era la niña de mis ojos. Ella tenía un montón de sueños y un montón de esperanzas que quería cumplir después de su graduación en el 2013”. Patricia siempre fue una niña inteligente, dijo. Siempre dedicada a sus estudios. Se había graduado con buenas notas de la Joe T. Robinson School de Little Rock, y luego había ingresado a UALR, donde estudiaba en el programa de Negocios Internacionales. Además de sus clases, Patricia trabajaba como cajera en la sucursal del Banco Metropolitan ubicada sobre el McCain Boulevard, en la ciudad de North Little Rock.

Aproximadamente un mes antes de su desaparición, el gerente de la sucursal le había dicho que después de que se graduara, podría tener una carrera de tiempo completo con el banco. “Para ella, esto era como un sueño hecho realidad”, dijo Leonor. Me dijo: “Sabes, mamá, muchos graduados tienen que luchar para conseguir un trabajo. Pero en mi caso eso no va a suceder. Ya tengo un trabajo, y tengo la promesa de mi jefe de que cuando me gradúe, voy a tener una carrera con ellos, si es que la quiero”.

Amigos y la familia de Patricia también la recuerdan como una chica bondadosa y amorosa, con un sentido de responsabilidad más allá del de sus jóvenes años. María García (sin relación con Leonor García), es la madre de una de las amistades de Patricia. “Ella era una de esas jovencitas que te alegraba fuera amiga de tus hijos”, dijo María. “Ella siempre fue muy respetuosa, una persona muy amable. Cada vez que su madre o sus hermanos necesitaban algo, Paty siempre estaba ahí. Ella siempre estaba pensando en ellos, siempre preocupada por ellos”.

Karen Alejandri estuvo cerca de Patricia desde que ambas eran chicas. A pesar de que se veían menos, una vez que Karen se fue a UCA en Conway y Patricia se quedó en UALR de Little Rock, siguieron siendo amigas. Karen dijo que Patricia llevaba una muy buena relación con Leonor, su mamá, agregando que no creía que Paty hubiese ocultado nada a su madre. “Su mamá era muy abierta con ella. Le daba la libertad suficiente para salir, confiando en ella, y no necesitaba escaparse. Su mamá y ella, por lo que yo vi, tenían una relación muy cercana, inmejorable”.

Otra amiga de la familia, Angelina Lublin, confiaba tanto en Paty como para darle la llave de su casa y para que a veces Paty recogiera a sus hijas del autobús escolar cuando Angelina no podía. Ella dijo que no podía imaginar que Paty escondiera algo de su madre. “Estaban tan unidas que incluso para comprar un libro escolar, Patricia le pedía la opinión a su mamá. Cuando iban de compras, era más bien como una cosa de amiga-a-amiga, y no sólo de mamá-a-hija.”

Leonor García dijo que Patricia había tenido sólo un novio serio, pero que él “a veces salía con otras chicas”, así que Paty y el muchacho rompieron más de un año antes de que Paty desapareció. A veces, cuando Patricia lo veía por la calle, le entraba un poco de depresión. “Yo trataba de darle ánimos a mi hija, diciéndole que debería conseguirse otro novio”. Pero ella me decía: ‘No, mamá en este momento quiero concentrarme en mis estudios, ya habrá tiempo para todo eso más adelante, pero por ahora sólo quiero estudiar. El romance y todo lo demás pueden esperar’”.

La mañana en que Patricia Guardado desapareció - 12 de octubre de 2011 - era como cualquier otro miércoles. Leonor tomó prestado el coche de su hija y se trasladó desde su casa, ubicada cerca de Alexander, hasta Little Rock, llevando a las hermanas menores de Paty a la escuela católica San Eduardo. Cuando regresó a casa, Paty ya estaba vestida. Leonor se ofreció a prepararle el almuerzo, pero Patricia le dijo que era tarde para su clase de las 9. Igualmente estaba programada para trabajar ese día en el banco después de la escuela. Patricia llevaba puesto un bonito vestido, y camino hacia la puerta, Leonor se detuvo a admirar a la mujer en que su hija se había convertido. “Recuerdo que le dije ‘estás muy bonita, hija’, dijo Leonor. “Paty estaba muy arregladita, con algo de maquillaje. Recuerdo que le dije: ¡Qué hermosa hija tengo.” Ella, avergonzándose un poco, se ruborizó un tanto y me respondió: ‘¡Ay, mamá…!’. Me sonrió, y eso fue todo”

La rutina normal de Patricia era llamar a su madre después de salir del trabajo, en algún momento entre las 4 y las 6 de la tarde. Sin embargo, ese día no llamó. A veces, Patricia pasaba por la tienda “El Paisano”, localizada en el área de Levy, en North Little Rock, para ver a su tío y su tía antes de irse a casa, por lo que Leonor llamó allí, pero no la habían visto. Entonces Leonor llamó a un primo de Paty que asistía a algunas de las mismas clases que su hija en UALR, y se enteró de que Paty no había asistido a su primera clase. Su pánico empezó a crecer y a extenderse. Leonor pidió al hermano de Paty llamar a la policía, preguntando si su hija había estado en un accidente, pero no encontraron nada. Llamó al celular de Paty, pero la llamada pasó al correo de voz. “A las 7 p.m. yo sabía que algo le había sucedido a mi hija” dijo.

En su desesperación, Leonor puso a sus hijas menores en el coche y se fueron a buscarla, manejando sin rumbo por la creciente oscuridad. Se dirigieron a UALR y circuló por los estacionamientos cerca del campus donde sabía que Paty a veces se estacionaba. Cuando Leonor pasó el lote de estacionamientos cerca del Consulado de México, frente a la escuela, sus hijas se pusieron a llorar porque vieron el auto de Paty, dijo Leonor. “Me repetían ‘¡es el carro de Paty’…!” Yo no podía verlo bien porque tenía lágrimas en mis ojos. No podía mirar. Mis hijas no paraban de decir: “¡Es su carro! ¡Es su carro!”. Pero no había nadie adentro del mismo”.

Las puertas del coche, que estaba estacionado perfectamente, estaban cerradas con llave. Leonor llamó a la policía. Finalmente, se determinó que las únicas cosas que faltaban del coche eran el bolso de mano de Paty, su teléfono celular, una mochila y un par de lentes (nunca se han encontrado). A partir de ese momento, empezó la búsqueda de Paty. En muchos sentidos, nunca ha cesado la búsqueda de Leonor García.

Leonor dijo que estuvo en el lote hasta la medianoche. Los policías trataron de rastrear el teléfono celular de Patricia esa noche, pero no pudieron hacer contacto. No durmió esa noche, o la siguiente… Por la mañana, ella, familiares, amigos y feligreses de San Eduardo se reunieron en el estacionamiento detrás del Burger King y buscaron por el área. Leonor dijo que buscaba por donde su instinto le indicaba: en los parques, callejones, calles oscuras, en cualquier lugar donde su hija podría haber sido arrebatada del coche.

Una estudiante de UALR, Carissa Noriega, que ni siquiera conocía a Patricia, fue una de las que ayudaron con la búsqueda. Carissa dijo que se enteró de la desaparición de Paty por la televisión. Carissa organizó una búsqueda a través de los medios sociales por Internet y se acercó a las estaciones de televisión para animarles a seguir cubriendo el caso. “Hacer eso, fue lo que realmente me llegó al corazón”, dijo. “Yo sentía que no mucha gente estaba tratando de ayudar. Era difícil conseguir algún tipo de cobertura. Yo como que sentía que cuando la familia trataba de obtener ayuda en la comunidad, la gente se tardaba en reaccionar”.

Del mismo modo, Carissa dijo que sintió que la policía parecía no tomar el caso lo suficientemente en serio durante las primeras horas y días cruciales después de la desaparición, cuando Leonor no se cansaba de decir una y otra vez a los detectives que era totalmente erróneo pensar que su hija desapareciera de tal manera por su propia voluntad.

Asimismo, desde el principio participó en la búsqueda Jason Tyler, el párroco de la iglesia católica San Eduardo. Tyler dijo que se enteró el jueves de que Paty había desaparecido. El viernes, ya se había impreso un folleto y lo estaban repartiendo. La familia le preguntó si podía celebrar una vigilia de oración en la iglesia la noche del viernes. “Pensé que tal vez tendríamos 20 o 30 personas”, dijo Tyler. “Pero de seguro tuvimos 150 a 200. Esto fue muy improvisado, pero la palabra corrió de boca en boca, y con muy poco tiempo de aviso tuvimos muchísima gente esa noche”. Tyler dijo que algo que a él lo impresionó mucho fue ver cómo los feligreses anglos rápidamente se acercaron a ayudar. Con diversas misas en español y en inglés celebradas en la iglesia desde hace 20 años, Tyler indicó que en ocasiones se puede sentir como que las dos congregaciones que comparten un mismo edificio, rara vez se cruzan. Pero la noticia de una hija desaparecida –una chica que había ayudado en el Festival de Otoño de la iglesia tan sólo una semana antes de su desaparición, claramente tocó los corazones de todos los feligreses, tanto anglos como latinos. “Para el sábado y el domingo”, dijo Tyler, “los feligreses anglos estaban ahí al lado de los latinos, distribuyendo panfletos y volantes”.

Leonor García se levantó el domingo por la mañana, lista para reiniciar la búsqueda, cuando recibió una llamada del detective John White, diciéndole que tenían que reunirse. “El detective nos dijo que quería informarnos, antes de que lo escucháramos en las noticias, que habían encontrado un cuerpo en un lugar llamado Sweet Home”.

Dice mucho acerca del estado mental de Leonor en esos momentos –de su fuerte esperanza– el que, incluso después de que un detective fuera a su casa el domingo para recoger un cepillo de pelo y un cepillo de dientes de Paty para hacer una prueba de ADN, García, aún así, de todas maneras salió a buscarla. “Me negaba a aceptarlo y creerlo”, dijo Leonor. “Ese domingo, yo no quería aceptar que ella ya se había ido. No fue sino hasta las dos de la mañana del lunes que se interrumpió la búsqueda”.

A la mañana siguiente, Leonor y los rastreadores se habían reunido de nuevo en el estacionamiento detrás del Burger King, cuando recibió una llamada de los detectives, pidiéndole reunirse con ellos en El Paisano, al mediodía. Más o menos a la misma hora, el padre Tyler recibió una llamada del detective John White, preguntando si podía reunirse con él a la brevedad posible. Juntos, Tyler y los detectives, se instalaron en el estacionamiento de Kroger cerca de El Paisano. Allí, Tyler supo lo que ya temía: que el cadáver encontrado era el de Patricia Guardado.

Una multitud de amigos y simpatizantes estaba esperando afuera de la tienda, y cuando Tyler pasó caminado por entre ellos, alguien gritó: “¡Dime que no es cierto!”.

“Yo no sabía qué hacer, ni qué decir”, dijo Tyler. “Creo que le di la mano o abracé a la persona, o algo así, y seguí avanzando”.

En el interior, Leonor García estaba esperando. Después de pedir que sólo se quedara la familia inmediata, Tyler les contó a los padres y familiares que Paty estaba muerta. Fue, dijo, “lo más difícil que he tenido que hacer en mis seis años como sacerdote. Yo no estaba en absoluto preparado para las muestras de dolor que hubo en ese momento”, dijo Tyler. “He estado en el hospital con personas que han muerto. He estado con amigos y familiares de aquellos que han muerto en accidentes o de manera inesperada. Cada uno de esas situaciones tiene su propio dolor y su propia dificultad, pero ninguna de esas situaciones tuvo tanto sentimiento de dolor palpable como el de ese momento”.

Al escuchar la confirmación, Leonor gritó “¡No!”, recuerda Tyler. Luego toda la familia se unió en un fuerte y apretado abrazo. Tyler sintió un apretón tan fuerte, que se preguntó si sus brazos no iban a desaparecer. Y allí estaban: sacerdote, detectives, la familia, en un momento que pareció eterno, las personas que la habían amado incluidos en un círculo desesperado de pérdida y de dolor.

El lugar donde se encontró el cuerpo de Patricia es llamado un estanque de agua o abrevadero, pero en realidad es una antigua cantera de granito llena de agua de lluvia tan profunda que la superficie parece de un azul oscuro como el anochecer. A pesar de que está a sólo unos cientos de metros de la carretera 365, se siente desierta, rodeada por sombras, arbustos y pinos. El viento nunca deja de soplar. Se siente fantasmagórica. En un acantilado por encima del agua se levanta una sencilla cruz de madera que lleva el nombre de “Paty”.

Incluso pasados todos estos meses, la cruz sigue siendo de color blanco brillante. La madre de Patricia puso la cruz allí. En diciembre pasado, el padre Tyler acudió para bendecirla. Entre las cosas que diversas personas han dejado en el altarcito hay un marcador de papel descolorido que dice “ Sonríe, Dios te Ama”.

Leonor dijo que está segura que su hija, que había empezado recientemente a manejar y todavía estaba nerviosa yendo a otros lugares que no fueran UALR o el banco, nunca había estado allí en su vida.

Desde que Patricia murió, Leonor dijo que nunca ha dejado de buscar al que mató a su hija. Los detectives aún no le han dicho cómo murió Paty, o donde sospechan que estuvo los días que desapareció. Nunca se le permitió ver el cuerpo da su hija. En el velorio y el funeral que se celebró en San Eduardo - ambos con tanta gente llenando la iglesia que la multitud sobrepasaba las puertas, y se aglomeraba incluso en Sherman Street - el ataúd permaneció cerrado. El padre Tyler le dijo que, aunque no lo pareciera, eso había resultado toda una bendición. Y en efecto, la última imagen que Leonor tiene de su hija, es de Paty de pie en la puerta de su casa, una joven y exitosa mujer yendo al encuentro del mundo.

García se reúne con regularidad con el detective White para hablar sobre el caso. Pero hasta ahora no ha habido ninguna novedad. Él le ha dicho que no puede revelar los detalles de cómo murió su hija, diciendo que podría entorpecer la investigación. Leonor dice: “Él me hace entender cómo eso puede obstaculizar la investigación. Estoy de acuerdo con él, y yo le digo ‘Bueno, si eso es lo que se necesita para mantener la investigación en curso, voy a esperar’”.

El portavoz de la policía de Little Rock, el teniente Terry Hastings, dijo que la retención de información sobre la causa de muerte, incluso a la propia familia de la víctima, es común en un caso de homicidio sin resolver. Dijo que ni siquiera él sabe cómo Patricia Guardado fue asesinada. “Muchas veces cuando interrogan a sospechosos, y se habla de cómo una persona murió, el método utilizado y el lugar donde la persona murió, se convierte en algo importante para asegurarnos de que tenemos al sospechoso correcto. Es por eso que hay que proteger bien todos esos detalles”.

El teniente Hastings dijo que desde que el cuerpo de Guardado fue encontrado, la policía ha recibido cientos de datos y pistas. “Los detectives han investigado todos y cada uno, y han hablado con todo el mundo imaginable, tratando de conseguir mejor información. Todavía lo siguen haciendo. De ninguna manera es este un caso cerrado. Seguimos investigando activamente”.

La policía ha tropezado con varios factores que están haciendo el caso más difícil de resolver, dijo Hastings. El más obvio es que no se sabe dónde estuvo Patricia después de que salió de su casa para UALR. Aunque el lote donde se encontró su auto está rodeado de negocios y cerca del Consulado de México, el estacionamiento no contaba con cámaras de vigilancia. Desde su muerte, se han colocados carteles amarillos de advertencia allí: “Estaciónese bajo su propio riesgo” y “Lote sin vigilancia”.

“Hemos encontrado su coche, lo que nos dice que ella llegó al área de la escuela”, dijo Hastings, “pero ¿se subió ella de manera voluntaria al coche de alguien más? ¿O alguien se la llevó por la fuerza? Eso lo hace más difícil. Hasta ahora no hemos encontrado a nadie que haya visto algo”.

Otro factor, dijo Hastings, es la barrera cultural y del lenguaje. “Los latinos, históricamente, no confían en la policía debido a las experiencias negativas que han tenido con la policía de los países de dónde proceden.

Un crimen que se está investigando para ver si hay un vínculo con el asesinato de Patricia, es el intento de robo a una mujer a las afueras de los cines Rave Motion Pictures, el 20 de noviembre de 2011. Esa noche, justo antes de las 8 p.m. –un poco más de un mes después, y a menos de dos millas de distancia del lugar donde el auto de Patricia fue encontrado, una mujer salió del cine cuando dos hombres latinos, uno de los cuales la policía dice era Crescencio Duran (también conocido como Salvador Carrillo), trató de aturdir a la mujer con una pistola de electro-shock y “trató de agarrarla”. Después de que ella logró liberarse y se arrastró debajo de un coche, sus gritos alertaron a los transeúntes que acudieron en su ayuda, y los dos asaltantes huyeron. Carrillo, que en enero pasado ya estaba en la cárcel del Condado Pulaski acusado de disparar un arma desde su coche, fue acusado en febrero del robo en el caso de Rave. Un panfleto distribuido internamente por la policía antes de su detención, decía que estaba siendo “buscado para ser interrogado en relación con el homicidio de Patricia Guardado”. Salvador Carrillo actualmente continúa en la cárcel del Condado Pulaski.

Por ahora, todo lo que pueden hacer los padres, la familia y los amigos de Patricia, es esperar. Un feligrés de San Eduardo, que trabaja con la agencia publicitaria Lamar Advertising, consiguió que se instalaran varias carteleras al lado de carreteras sobre el caso de Patricia. Dichos anuncios se erigieron alrededor de Little Rock y North Little Rock, y, en todas las tiendas en el suroeste de Little Rock hay volantes en las vidrieras con números telefónicos para que las personas puedan proporcionar información sobre el caso.

“Queremos ver al asesino ante la justicia”, dijo el padre Tyler “pero también queremos ver que una familia en duelo logré tener un poco más de paz ... Nos encantaría que la comunidad de Little Rock vea el caso de Paty Guardado como uno de los suyos, y que no vean el caso sólo como un asunto latino, o una cosa hispana o mexicana “.

“Dios es grande –nos dijo uno de los amigos de Patricia– y el crimen perfecto no existe. Es por eso que sabemos que este caso se va a resolver”.

También hablamos largamente con el padre de Patricia, Martín Guardado, pero al final decidió que no quería ser citado en el reportaje. La ira y la frustración le vienen en grandes oleadas en los momentos en que habla de cómo otros reportajes sobre el caso se han centrado demasiado en la vida personal de la familia, incluso mencionando los nombres de sus hijas menores. Dijo varias veces que no quiere que la gente se compadezca de él. Y también enfatizó que él cree y confía en que finalmente se encontrará al asesino de Paty, y que escribir acerca del caso hará más reticentes a los posibles testigos a revelar lo que saben.

Leonor García, por el contrario, habla con quienquiera que la escuche. Desde el homicidio de Paty, ella nunca ha rechazado una solicitud de entrevista por los medios de comunicación. Tiene montones de volantes sobre el caso, cada uno ofreciendo una recompensa de $10 mil dólares en grandes letras rojas, junto con los teléfonos del Departamento de Policía de Little Rock y del Consulado Mexicano. Cuando ve un volante deteriorado, lo quita y pone uno nuevo. Ella habla con todo mundo sobre el caso. Leonor dijo que ella nunca se detendrá. “Nunca me daré por vencida, hasta que se resuelva el caso de mi hija, hasta que se sepa quien es el culpable de su muerte” dijo.

“Quienquiera que sea, sólo quiero que pague”, dijo Leonor. “Tienen que pagar, porque lo que hicieron con ella no es algo que se le hace a un ser humano.” Agrega que no sabe por qué no ha habido ningún resultado en el caso hasta ahora, pero siente en su corazón que los asesinos serán encontrados. “Cada vez que hablo con los detectives, yo les digo: ‘Por favor no se olviden de nuestro caso sólo porque somos latinos. Por favor sigan investigando este caso. Por favor no lo abandonen”.

Leonor ahora maneja el carro de Patricia, Nunca lo venderá, dijo, porque el coche de alguna manera las mantiene conectadas. Dijo que ella puede sentir la presencia de su hija cada vez que se sube a ese automóvil. Cada miércoles, Leonor se estaciona detrás del Burger King frente a UALR, y luego se queda allí durante al menos una hora, en el lugar donde su hija desapareció. Desde detrás del volante del coche observa a los estudiantes que van y vienen con sus bolsas y mochilas, tan llenos de esperanza y de promesas…

“Me siento en el coche y trato de imaginar” dijo. “Trato de volver sobre sus pasos y todavía me pregunto: ¿Cómo diablos pudo desaparecer mi hija a las 8:45 de la mañana y nadie vio nada. Yo no lo puedo creer, no creo que eso sea posible”.

 Si usted tiene alguna información sobre el secuestro o el asesinato de Patricia García Guardado, póngase en contacto con el Departamento de la Policía de Little Rock en el teléfono de CrimeStoppers (501) 371-4636 o con el Consulado de México (501) 372-6933, ext. 223. Las personas que deseen contribuir al fondo de recompensa pueden hacerlo en cualquier sucursal del banco Metropolitan
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Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
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