AFGANISTÁN SE QUEDA A MERCED DE LOS TALIBANES
UN PAÍS DE 38 MILLONES DE HABITANTES NO HA VIVIDO EN PAZ DESDE LA INVASIÓN SOVIÉTICA DE 1979

La salida de las tropas estadounidenses de la inmensa base afgana de Bagram, cerca de Kabul, en la que llegaron a vivir 10.000 personas, se produjo en silencio, de forma rápida y discreta. Pero significó, de facto, el final de la intervención estadounidense en su guerra más larga. Después de casi 20 años, EE.UU. abandona Afganistán, un país que se queda a merced de los talibanes que avanzan en todos los frentes.

Las Naciones Unidas y otros aliados también están retirando sus tropas, expertos militares, organizaciones de derechos humanos, periodistas… 

La retirada completa se producirá a finales de agosto.

Todos coinciden que, sin el apoyo logístico y militar de EEUU, el Ejército afgano tiene pocas posibilidades de controlar el país, más allá de Kabul, y de resistir una ofensiva general de la milicia islámica Talibán, expulsada del poder en el invierno de 2001, tras los atentados del 11 de septiembre en EE.UU. 

Los avances en materia de educación o de derechos de las mujeres logrados en estas dos décadas pueden perderse en meses o incluso en semanas. 

Inmediatamente los talibanes han lanzado una ofensiva contra la provincia de Badgis, en la que estuvieron desplegadas las tropas españolas, y la ciudad de Qala-i-Naw, que tomaron en apenas unas horas, aunque luego se retiraron después de fuertes combates. Un día después, capturaron dos ciudades de la provincia occidental de Herat: Islam Qala, fronteriza con Irán, y Turghundi, que limita con Turkmenistán.

La desmoralización del ejército afgano es muy importante y se está produciendo. Se ve en lo que está pasando en las provincias, fuera de los grandes centros de población, donde las fuerzas afganas y las fuerzas policiales se encuentran aisladas. En muchos casos llegan a un acuerdo con los talibanes y se rinden sin combatir para salvar la vida o para poder comer.

Ahora miles de personas se agolpan cada día en Kabul ante la oficina de pasaportes para tratar de conseguir documentos para huir del país y los problemas logísticos de las tropas afganas en los llamados puestos avanzados, destacamentos militares lejos de las ciudades, son tan grandes que a veces no disponen ni de comida ni de agua. 

Desde mayo, los insurgentes han tomado 50 de los 370 distritos de Afganistán. Los talibanes, por su parte, sostienen que controlan el 85% del territorio afgano, una cifra inflada por la propaganda, pero que recoge un hecho indudable: más allá de las grandes ciudades, la presencia del Estado es muy débil.

Desde que las tropas de la Alianza del Norte tomaron Kabul, en el otoño de 2001, apoyadas por la fuerza área estadounidense y posteriormente se produjo un enorme despliegue internacional bajo el paraguas de la ONU y OTAN, muchos indicadores mejoraron en un país de 38 millones de habitantes que no ha vivido en paz desde la invasión soviética de 1979. El número de menores que van a la escuela ha pasado de 0,9 millones en 2001 a 9,2 millones en 2017, de los cuales el 39% son niñas. En 2004 había poco más de 51.200 mujeres trabajando en la Administración. En 2018 (último año del que se dispone de datos) la cifra había aumentado a casi 87.000. Eso no quiere decir que se haya frenado la violencia –3.000 civiles murieron como consecuencia de acciones bélicas o atentados en 2020–, ni la pobreza: seis de cada diez afganos tienen problemas para alimentarse, según la ONU. Sin embargo, la vida de muchos civiles ha mejorado en estas dos décadas. Y todo eso puede perderse.

Los talibanes han moderado algunas de sus medidas más duras en las zonas que controlan. Por ejemplo, permiten la escolarización de las niñas en muchas provincias, pero solo hasta la pubertad, pero parecen decididos a gobernar por el miedo, sin rendir cuentas a las comunidades bajo su control.

Los talibanes no son la única amenaza, sino que la facción afgana del Estado Islámico se ha mostrado especialmente brutal con la población, sobre todo con los hazaras, una etnia de credo chií. “Aproximadamente el 45% de las víctimas civiles son por los talibanes y el 25% por el Gobierno. El resto son por el Estado islámico o fuego cruzado”.

El jefe del Estado mayor británico, Nick Carter, reconoció que consideraba “plausible” que el Estado afgano se derrumbase sin la presencia militar internacional y que se produzca una situación similar a la guerra de civil de los años 90, de la que surgieron precisamente los talibanes. 

 

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