MAYA GABEIRA CASI PIERDE LA VIDA EN UNA DE LAS ENORMES OLAS DE PORTUGAL
LA SURFISTA BRASILEÑA CAYÓ POR UNA OLA MONSTRUOSA DE 20 METROS DE ALTURA CON UN PESO ESTIMADO DE 144 TONELADAS
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Antes incluso de meterse en el agua, Maya Gabeira sabía que pasaría serios apuros si las cosas se ponían feas en la famosa Praia do Norte (Playa del Norte), en Nazaré, un pueblo de pescadores a 100 kilómetros al norte de Lisboa, Portugal. Allí rompen las olas más grandes del mundo.

Cuando esta surfista brasileña oyó el rugido de una ola monstruosa de 20 metros de altura con un peso estimado de 144 toneladas acercándose más y más a ella, aceptó su probable destino. “Solo pensé: ‘Ya está, voy a morir’”, recuerda.

El impacto arrancó su chaleco salvavidas y le fracturó una pierna, dejándola inconsciente bajo el agua. Su compañero surfista Carlos Burle, que estaba con ella, la rescató. Él era quien pilotaba la moto acuática que remolcó a Maya y su tabla hasta la ola.

Las insistentes olas hicieron el rescate aún más difícil, a pesar de que Maya recuperó la consciencia brevemente. Burle tardó casi 10 minutos en llevarla hasta la orilla, donde hubo que hacerle maniobras de reanimación cardiopulmonar.

Que Maya Gabeira de 33 años pensara en acercarse a una ola grande de nuevo tras aquel episodio en 2013, ya era notable.

Pero fue más allá de simplemente enfrentarse a sus miedos: 7 años después de estar a punto de morir ahogada, Maya consiguió establecer dos veces el récord mundial para la ola más grande jamás surfeada por una mujer: una ola de 22,4 metros de alto. En ambas ocasiones lo logró en Praia do Norte.

Maya tomó la decisión mientras aún yacía en una cama de cuidados intensivos de un hospital portugués. Poco después de despertar, pidió ver el video del accidente. “Quería ver que ocurrió, porque no recuerdo lo que sucedió después de desmayarme”, continúa. “Era importante saber qué había hecho mal. Tenía que decidir si iba a seguir surfeando o si era mejor retirarme. Pero no estaba dispuesta a dejarlo”.

El accidente le costaría a la surfista cuatro años de su carrera, tras descubrir que el barrido de la ola le había causado también lesiones en la espalda. Tuvo que pasar tres veces por el quirófano.

Pero a Maya le preocupaba también lo que la ola le había hecho a su mente. “Tenía dolores físicos, pero también ese enorme temor a otro accidente”, explica. “Me faltaba confianza para volver a ponerme en esa situación”.

Los surfistas de olas grandes son una especie diferente a la mayoría de los que participan en competiciones profesionales de ese deporte. La mayoría de sus colegas más famosos no se suelen acercar ni de lejos a las bestias que surfea esta brasileña. Maya Gabeira está especializada en olas descomunales.

La razón principal es que las olas gigantes exigen habilidades distintas a las de un surfista estándar. Son demasiado grandes y veloces para que los surfistas puedan remar hacia ellas. Los atletas como Maya necesitan que los remolquen hacia estas moles acuáticas en motos náuticas.

En olas como las de Praia do Norte, los surfistas alcanzan velocidades de hasta 80km/h, mucho más que en olas normales.

Si quería continuar en ese deporte, iba a tener que dominar la ola que estuvo a punto de matarla. Así que en 2015 hizo su equipaje y se mudó a este pueblo pescador portugués, de poco más de 15.000 habitantes.

Maya había vivido en Hawái desde que tenía 17 años; pocos años antes había cambiado los zapatos de ballet por una tabla de surf en su Río de Janeiro natal. Fue en Hawái donde se enamoró del surf de olas gigantes, además de darse cuenta de que ese era un club de chicos.

En Nazaré, señaló el 9 de noviembre de 2017 como el día en que por fin se sintió preparada física y mentalmente para enfrentarse a olas gigantes.

Esta vez las cosas fueron diferentes. “Salí del agua feliz y aliviada, pese a que no había podido rematar la ola”, afirma.

En enero de 2018 coronó una ola de 20,7 metros de altura. Era la ola más grande jamás surfeada por una mujer. Maya soñaba con inscribir su nombre en los récords Guinness, pero entonces solo existía una categoría que incluía a hombres y mujeres.

No fue hasta 2019 que hombres y mujeres empezaron a recibir premios de la misma cuantía. Entonces aún había más torneos masculinos que femeninos. “Pero el panorama está cambiando y necesitamos tiempo para que las cosas se coloquen en su lugar”, sostiene Maya. 

 

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