LOS INDIOS DE CARLISLE QUE REINVENTARON EL FÚTBOL AMERICANO
EN 1882 LOS INTERNOS DE LA ESCUELA INDUSTRIAL CREARON UN EQUIPO Y UTILIZARON VARIAS PILLERÍAS AUN VALIDAS HOY EN DÍA
17353A.jpg

El equipo de los Indios de Carlisle revolucionó el fútbol americano a principios del siglo XX. Estaba formado por estudiantes de un internado, la Escuela Industrial, en Carlisle, Pensilvania, para la asimilación de niños nativos americanos, la «civilización de los «salvajes». El centro, abierto en 1879, se convirtió en modelo para otros semejantes en el país. 

Los nativos americanos habían sufrido una importante mengua como consecuencia de la progresiva conquista del Oeste por parte del hombre blanco, el desplazamiento forzoso de esta población y las bajas de las sucesivas guerras indias. Los nativos estaban en riesgo de extinción.

Unos 10 mil niños de más de 140 tribus indias pasaron por la escuela en los 39 años en que se mantuvo operativa, desde 1879 hasta 1918. El programa les obligaba a convertirse al cristianismo, cambiar de nombre, cortarse sus largas cabelleras, hablar en inglés y vestir ropas occidentales (ellos de uniforme, ellas en traje de estilo victoriano). 

Eran las estrictas normas auspiciadas por un militar veterano, Richard Henry Pratt, padrino de la institución y cuyo ideal se expresaba en una frase inequívoca: «Matad al indio, salvad al hombre». 

Y sin embargo los postulados de Pratt eran incluso humanitarios, al menos en comparación con los sueños de extinción india de muchos colonos. 

En sus 39 años de historia, muy pocos internos consiguieron graduarse, pero hubo un ámbito en el que la Carlisle destacó: el deportivo. 

En 1882 los internos crearon un equipo de fútbol americano, deporte todavía en estado embrionario, Faltaban décadas para la fundación de la Liga Nacional de Fútbol, la NFL, pero aquello a lo que jugaban era la brutalidad con que se jugaba.

Todo, por supuesto, depende como se mire especialmente teniendo en cuenta que en solo dos años, 1904 y 1905, hubo 37 jugadores muertos y alrededor de 300 heridos graves. 

L carnicería sobre el terreno de juego llevó a varias universidades a retirar a sus equipos y al presidente, Theodore Roosevelt a intervenir. Roosevelt llamó al orden a los responsables universitarios para que pusieran coto a tanta desgracia, y en 1906 se aprobaron diversas normas, entre ellas una fundamental: el pase del balón por el aire. En efecto, hasta entonces el fútbol era un cuerpo a cuerpo para intentar avanzar hasta la zona de anotación. A partir de ese momento, se permitía el lanzamiento del balón hacia adelante, tal y como lo vemos hoy por un quarterback.

El fútbol también estuvo a punto de desaparecer en Carlisle, al menos se suspendió durante unos meses. En la lógica de Pratt, no tenía sentido «civilizar» a los nativos americanos mediante la práctica de un deporte tan salvaje. Varios de los internos insistieron en recuperar la actividad y Pratt accedió finalmente, con dos condiciones: «Primero: nunca, bajo ninguna circunstancia, deis golpes. Jugad limpio. Si otros lo hacen, jamás los devolváis. ¿No veis que, si lo hacéis, la gente que esté mirando dirá Ahí les sale el indio. Mírenlos. Son salvajes y no pueden sacárselo de encima? 

La otra condición es que, en el transcurso de dos, tres o cuatro años, desarrolléis  tal fuerza y habilidad que ganéis a los mejores equipos del país». 

Y cumplieron, ¡vaya si cumplieron! Pero para poder responder a las dos condiciones de Pratt, los Indios de Carlisle se las tuvieron que ingeniar. Su físico, tanto por altura como por peso, era muy liviano para sus contrincantes.

En 1899, Pratt contrató como entrenador a Glenn Scobey Warner, más conocido como Pop Warner, un estudiante de Derecho de la Universidad de Cornell con experiencia como jugador y entrenador. Le gustaba apostar, jugaba a las cartas y tenía fama de tramposo. Un pícaro que trasladó la picardía al deporte para llevar a los Indios de Carlisle a revolucionar el juego. 

Consciente de la inferioridad de sus pupilos, Warner usó inteligencia y pillería. Inventó algunos movimientos que con el tiempo formarían parte de este deporte, desarrolló técnicas hoy asimiladas como fundamentos de la práctica y, sobre todo, marcó época con algunas sonadas tretas que le dieron victorias y momentos de gloria, pero que se prohibían casi de inmediato. 

Uno de los trucos más llamativos fue el de esconder el balón. Warner, que lo había sufrido años atrás por parte de un equipo rival, llevó la técnica a la sofisticación en 1903 en un partido contra Harvard. El entrenador mandó coser bandas elásticas en la espalda del uniforme de algunos jugadores, a la altura de la cintura. Al comienzo de la segunda parte del encuentro, el quarterback de Carlisle, Jimmie Johnson, recibió el balón tras el pateo del rival. Sus compañeros hicieron un muro de cuerpos para que los rivales no vieran cómo Johnson le pasaba el balón a otro jugador y este a su vez a otro, un sioux que, decían, podía correr cien yardas en diez segundos. 

La defensa de Harvard se quedó pasmada. ¿Dónde estaba el balón? ¿A quién había que derribar? Para cuando fueron conscientes de la jugarreta, ya era tarde. El árbitro, a pesar de las protestas, dio por buena la jugada. Al fin y al cabo, ¿dónde decía el reglamento que eso no se podía hacer? Finalmente, Harvard le dio la vuelta al marcador y se impuso por 12 a 11, pero los «salvajes» se fueron felices por el susto que les habían dado a los refinados estudiantes de la famosa universidad.

Otra de las legendarias estrategias de Warner, en Chicago, fue el 23 de noviembre de 1907. El equipo universitario de Chicago era el mejor del momento y el partido era el último de la temporada. Hacía solo un año que se había aprobado el lanzamiento del balón por el aire y la mayoría de equipos apenas lo utilizaba. Si el receptor no lo atrapaba, se castigaba con el retroceso de 15 yardas. 

Pero para los Indios de Carlisle esa era la jugada clave para contrarrestar su inferioridad física. Chicago lo sabía y se dedicó todo el partido a sacar a empujones del campo a los receptores de Carlisle. 

Al pillo de Warner se le ocurrió entonces una idea. Llamó a su receptor y le dijo que, la próxima vez que le sacaran del terreno, él siguiera corriendo por fuera de la línea de banda. Y lo hizo. Los defensores de Chicago lo empujaron y él, de forma aparentemente absurda, siguió a lo suyo, corriendo alrededor del banquillo.

 Los rivales, cumplido el empujón, volvieron a sus posiciones, y entonces el receptor volvió a entrar a la cancha, avanzó en solitario y el quarterback indio lo ve y le lanza el balón, que pasa sobre las cabezas de los jugadores rivales en un antológico vuelo de 40 yardas y anota! ¡Touchdown! ¡Carlisle ganó 18 a 4! 

Y, claro, al año siguiente, se prohibió que un jugador pudiera entrar y salir del campo en la misma jugada.

Por la pillería de Warner, se desarrolló una técnica de lanzamiento que hoy es el abecé del fútbol americano. Warner estudió la manera más efectiva de alcanzar una mayor distancia y facilitar la recepción del balón, y que lo mejor era hacer que girara en espiral, lo que reducía notablemente el roce con el aire y los Indios de Carlisle hicieron historia.  

 

Edición de esta semana
EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS O DÍA DEL PAVO: JUEVES 26 DE NOVIEMBRE 
Este próximo jueves 26 de noviembre, se celebra en Estados Unidos el día de Acción de Gracias o Thanksgiving, una de las fiestas más tradicionales en la cultura americana.   / ver más /
Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
Por mucho que nos gustaría que las cosas volvieran a la normalidad lo más rápido posible, la realidad es que la amenaza del covid-19 nos acompañará por un largo tiempo. Hasta cuando esté disponible una vacuna eficaz para todos, cubrirse la cara, el distanciamiento social y el lavado frecuente de manos, siguen siendo las mejores opciones para detener la propagación.   / ver más /