SUECIA: EL PAÍS DONDE SER PARLAMENTARIO ES SOLO UN EMPLEO MÁS SIN BENEFICIOS ESPECIALES NI INMUNIDAD
UN EJEMPLO QUE MUCHO PAÍSES DEBERÍAN SEGUIR PARA QUE LOS LEGISLADORES NO LUVRE A COSTA DEL PUEBLO
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En el día a día, los diputados suecos viven con la austeridad habitual en ese país: despachos de siete metros cuadrados, apartamentos pequeños para funcionarios y límites estrictos a la hora de usar el dinero de los contribuyentes en el ejercicio de la actividad parlamentaria.

Los diputados suecos no disfrutan de beneficios adicionales como los que tienen los parlamentarios de otros países, como presupuesto para fletar aviones, ayuda para el alquiler, dietas, contratación de asesores particulares, ayuda para gastos médicos, guardería pagada para los hijos y fondos para la divulgación del mandato, entre otras cosas.

Además, en Suecia la inmunidad parlamentaria es un concepto que no existe. Son considerados como ciudadanos comunes.

A cada inicio de mandato, los 349 diputados suecos reciben -igual que el presidente del Parlamento- una tarjeta anual para utilizar el transporte público. Y también un código de ética con información sobre el restringido uso de los fondos públicos y las normas de conducta para la actividad parlamentaria.

El Parlamento posee solo tres vehículos, del modelo Volvo S80. Esta flota solo está a disposición del presidente del Parlamento y sus tres vicepresidentes para actos oficiales.

El salario anual bruto de un diputado del Parlamento sueco es de unos US$7.200 y tras pagar los altos impuestos, el salario neto es de aproximadamente de unos US$4.300.

Si un diputado tiene la base electoral fuera de Estocolmo, puede solicitar el llamado ‘traktament’, una ayuda para los días de la semana en los que trabaja en la capital del país. Esta ayuda, exclusiva para los parlamentarios que no tienen residencia permanente en la capital, es de 110 coronas suecas (unos US$12).

Un vistazo a los precios de Estocolmo de lo que se puede comprar con 110 coronas: un café con tres o cuatro ‘bullar’ (tradicionales panes dulces), o una pizza con un refresco, o una ración del tradicional ‘köttbullar’ o albóndigas suecas. En los pequeños restaurantes populares, un plato cuesta de promedio unas 100 coronas.

Hasta 1957 los diputados del Parlamento sueco ni siquiera tenían salario: solo recibían las contribuciones de los miembros de los partidos. La decisión de establecer salarios se tomó tras llegar a la conclusión de que ningún ciudadano debería verse “impedido de convertirse en diputado por razones económicas”. Pero el valor del salario no debería “ser tan alto como para volverse económicamente atractivo”.

Y ningún diputado tiene el privilegio de aumentarse el salario: los salarios de los parlamentarios los determina un comité independiente considerando las circunstancias económicas incluyendo índices de inflación y de variación salarial tanto en el sector público como en el privado.

Los aumentos de salario de los ministros y del primer ministro también los decide un comité independiente.

Los diputados tienen derecho a apartamentos pequeños y sin lujo, y en los cuales su familia no puede estar gratuitamente. Los cónyuges, familiares y afines no tienen derecho a vivir ni tan solo a pernoctar en un piso propiedad del estado sin pagar. Tienen un promedio de 45,6 metros cuadrados. Los que constan de una sola pieza tienen sólo 16 metros cuadrados. Del total de 197 viviendas que administra el Parlamento sueco, solo ocho tienen entre 70 y 90 metros cuadrados. Un sofá cama, una mesa, un pequeño armario, una mini cocina con un fogón, una nevera y un baño llenan el espacio de poco más de 16 metros cuadrados.

Además, son los propios parlamentarios los que cocinan y limpian la casa. La administración hace una limpieza gratuita sólo una vez al año, durante el receso parlamentario de verano.

Los parlamentarios tienen también la opción de alquilar un apartamento por cuenta propia y el Parlamento reembolsa a los diputados unos US$860 mensuales.

Las oficinas parlamentarias tienen una media de 15 metros cuadrados y una decoración frugal. Una mesa de madera, estantes, una televisión y un pequeño sofá rojo, de estilo similar a los de la empresa sueca de muebles Ikea.

Los despachos más pequeños llegan a tener 7 metros cuadrados. Los más grandes se reservan a los líderes de los partidos y tienen 31 metros cuadrados de promedio.

En el pasillo de cada anexo parlamentario hay un mostrador con los periódicos del día y publicaciones diversas para leer en el despacho, y luego devolverlos. Son para uso colectivo de los parlamentarios: las suscripciones a periódicos y revistas las financia el partido, y los diputados no tienen presupuesto personal para suscribirse a publicaciones.

También pueden leer periódicos y otras publicaciones en la biblioteca del Parlamento, o leerlo en el celular.

En la cantina del Parlamento no hay camareros y hay que pagar por la comida y el café. Después de comer, cada parlamentario debe llevar su propio plato al sitio donde se recogen las bandejas, al lado de la cocina.

El Parlamento sueco también cuenta con un restaurante más formal para ocasiones especiales. Pero, en el día a día, algunos diputados se traen su propia comida, que calientan en la cocina comunitaria del Parlamento. Cada uno se lava sus platos y cubiertos.

Ningún diputado tiene secretaría particular ni puede contratar asesores. Cada diputado se ocupa de su agenda de trabajo, prepara sus discursos, organiza sus reuniones y reserva billetes de tren o avión.

En el sistema sueco, cada partido político representado en el Parlamento recibe fondos restringidos para contratar a un grupo de asistentes y asesores, que forman el llamado secretariado del partido. Y este grupo de funcionarios atiende, colectivamente, a todos los diputados de un partido.

Y en lugar de recibir fondos para la divulgación del mandato, los diputados suecos informan a los votantes sobre sus actividades parlamentarias a través de internet.

El sitio web oficial del Parlamento de Suecia cuenta con páginas individuales de cada uno de los diputados en las que hay copias de todas las mociones presentadas por el parlamentario en cuestión, así como videos de sus discursos, sus interpelaciones y otras actividades parlamentarias.

Cuando están en sus circunscripciones electorales, los parlamentarios utilizan la sede local del partido, o la biblioteca pública, para trabajar y hacer reuniones. O su propia casa.

Cada parlamentario recibe al ser elegido un manual titulado ‘Reglas de viaje’. Algunas de las recomendaciones que incluye para los diputados:

Debe elegirse el medio más económico posible para llegar el destino: tren, auto o avión

No se permite alquilar autos especiales o de lujo

Si el diputado viaja con su propio vehículo, debe elegir el camino más corto posible.

Los diputados tienen que utilizar taxis cuando no haya alternativa de transporte público disponible, o si hay razones especiales para ello.

En cuanto a los viajes al exterior, un diputado sueco puede gastar un máximo de unos US$5.400 por mandato de cuatro años. El parlamentario debe presentar un programa detallado del viaje de trabajo, que debe ser sometido a la aprobación de la presidencia del Parlamento. Tanto los parlamentarios como los ministros suelen volar en aviones comerciales.

En el exterior, un diputado recibe ayuda económica limitada diaria varía entre US$23 a US$75 dependiendo del país visitado. esta paga diaria está parcialmente sujeto a impuestos. Y si un diputado recibe comidas gratuitas durante una conferencia en el extranjero, por ejemplo, se deduce el valor correspondiente de su paga.

Los parlamentarios tampoco reciben una pensión vitalicia después de cumplir un mínimo de uno o dos mandatos. Es una especie de seguro de desempleo: el principio general es que todo diputado debe trabajar al menos ocho años en el Parlamento (dos legislaturas) para tener derecho a una prestación equivalente al 85% del valor del salario durante un período máximo de dos años. Y para recibir la prestación durante más de un año, el ex diputado debe demostrar que está buscando activamente un nuevo empleo.

A nivel regional, la representación política en Suecia se considera una actividad añadida que se ejerce en paralelo a un empleo remunerado, por lo que el 94% de los representantes de las asambleas regionales no tienen salario.

Solo los integrantes de la presidencia y de los comités ejecutivos de las asambleas reciben remuneración por trabajar como políticos a tiempo completo o parcial.

Los alcaldes no tienen derecho a residencia oficial. Y en todas las asambleas municipales del país, la regla no tiene excepción: los concejales no tienen salario, secretaría, asistentes, carro con conductor, ni siquiera despacho, trabajan desde casa, y ganan solo una pequeña gratificación por participar en las sesiones de la Cámara. 

 

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