TRAS LA PANDEMIA DE COVID-19, EL MUNDO TENDRÁ UN MODO DE VIDA MAS CAUTELOSO 
SE TRATA MÁS BIEN DE ENCONTRAR NUEVAS FORMAS PARA VIVIR NORMALMENTE, PERO CON PRECAUCIONES 
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La propagación sin precedentes del virus ha paralizado gran parte del mundo. El doctor Anthony Fauci, el experto en enfermedades infecciosas, dijo que podría no haber un “completo regreso a la anterior normalidad” después de que termine la pandemia de coronavirus.

“Si un regreso a la normalidad significa actuar como si nunca hubiera existido una pandemia de coronavirus, no creo que eso vaya a suceder”, apuntó Fauci.

Sus palabras reflejan lo que piensan millones de personas en todo el mundo.

Está claro que a corto plazo, hasta que esté disponible una vacuna o un medicamento efectivo, cualquier negocio o evento que involucre reuniones de un gran número de personas en espacios cerrados será el más afectado, desde escuelas y universidades hasta iglesias, estadios, centros comerciales, restaurantes, parques de atracciones, aerolíneas y cruceros.

Posiblemente algunos negocios nunca se recuperen, y todos tendrán que adaptarse. Algunos ya lo han hecho, desde los restaurantes que ofrecen comidas para llevar, hasta las escuelas, universidades, e incluso los gimnasios, con clases virtuales.

Los viajes de negocios se han reducido muchísimo, lo cual ha hecho que muchas compañías se cuestionen cuán realmente necesarios eran estos viajes en primer lugar.

Las líneas aéreas después de años de quejas por el poco espacio para las piernas, la ley podría exigirles que mantengan cierto distanciamiento entre pasajeros y con menos pasajeros Del mismo modo, los megacruceros, con 22 restaurantes, 42 bares y capacidad para 6,600 pasajeros. ¿tendrán que subir los pasajes?

Asimismo, los centros comerciales que actualmente parecen pueblos fantasmas deberían ofrecer una experiencia de compra mucho más diversa, con bibliotecas, consultorios médicos y otras atracciones.

Aún es demasiado pronto para determinar cuán grave será el daño económico, pero algunos los estiman del 8% al 13% ya que la pandemia puso en riesgo 55 millones de empleos, un tercio de la economía estadounidense.

Eso no significa que se haya acabado el mundo como lo conocemos. Se trata más bien de encontrar nuevas formas — posiblemente temporales — de trabajar. Por ejemplo, muchas compañías y escuelas — y también familias y chats grupales — han comenzado a utilizar software de reuniones virtuales como Zoom, Hangouts de Google, Teams de Microsoft o Webex de Cisco.

Es probable que las conferencias virtuales se adopten de forma más generalizada como un reemplazo divertido, más barato y menos comprometido de las reuniones personales. 

Las mascarillas faciales pronto pueden convertirse en el último grito de la moda como lo han sido durante mucho tiempo en muchos países de Asia.

También es probable que la telemedicina sea más accesible para los pacientes con males menores, lo cual aliviaría la carga —y quizás los tiempos de espera— en los consultorios médicos.

Algunos expertos predicen que uno de los mayores cambios probablemente sea la forma en que se entregan los productos, desde las compras en los supermercados en línea y las opciones de entrega a domicilio.

Durante años, las grandes multinacionales aprovecharon la mano de obra barata y la producción en masa. Eso va a cambiar. Las compañías le prestarán más atención a cuánto es el riesgo y los consumidores se fijarán en la procedencia del producto y quién lo tocó. 

De hecho, una de las posibles consecuencias a largo plazo de la pandemia es la adopción acelerada de tecnologías existentes, como los drones, los robots y la inteligencia artificial en los centros de trabajo y los hogares.

Las ideas incluyen servicios como Amazon Prime Air, que entregará paquetes mediante pequeños drones, y el Autopilot de Tesla, la nueva generación de automóviles y camiones sin conductor. 

Ya existe tecnología de cámara y telefonía celular que les permite a los dueños de negocios monitorear de forma remota oficinas, fábricas o depósitos, así como el movimiento de los empleados.

Uno de los mejores ejemplos es la educación superior donde casi todo el sector pasaría a un experimento en línea completo donde cada miembro de la facultad y cada estudiante participaría a nivel nacional.

Además del mejoramiento necesario de los sistemas de atención sanitaria, que estén en mejores condiciones de enfrentar las pandemias, se restablecerá el desarrollo de formas más sofisticadas para identificar quienes son un riesgo de enfermedad y quienes no, y discriminar, legalmente, a quienes lo sean.

Habría requisitos similares para entrar a grandes recintos, edificios gubernamentales o centros de transporte público. Habría escáneres de temperatura en todas partes, y nuestros centros de trabajo podrían exigir el uso de dispositivos que monitoreen la temperatura u otros signos vitales.

Es probable que dichos problemas de privacidad sean objeto de un intenso debate político al igual que sucedió con las medidas antiterroristas después del 11 de septiembre bajo la llamada ‘Ley Patriota’.

Corea del Sur detuvo la propagación del virus mediante el rastreo avanzado de seguimiento de contactos y una aplicación GPS de teléfono ordenada por el gobierno para ayudar a los ciudadanos a mantenerse al tanto de las personas y lugares infectados. Utilizó las leyes aprobadas después de un brote de virus de 2015 para restringir temporalmente las reglas de privacidad del paciente.

La actual crisis plantea otros problemas políticos de mayor alcance, como el comercio mundial, así como la cooperación internacional para vencer al virus, y el papel de la ciencia en la definición de las políticas.

Los ambientalistas ahora esperan que la incredulidad de los políticos por las advertencias de los científicos sobre la necesidad de prepararse para esta pandemia, robustezca sus argumentos en favor de la urgencia de abordar el cambio climático. En todo el mundo abundan las evidencias de la reducción de emisiones por la falta de actividades contaminantes causadas por la pandemia.

Más allá, es probable que los países enfrenten desafíos profundos conforme los empleados y las familias de bajos ingresos tengan dificultades para enfrentar un mercado laboral aún más incierto.

En EE.UU. los expertos dicen que el virus ha puesto de manifiesto la necesidad de una inversión mucho mayor en salud pública, al tiempo que fomenta el debate sobre los beneficios de un sistema de salud universal.

En general habrá nuevas formas para vivir normalmente, pero con precauciones.  

 

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