RABIA POR LA PANDEMIA
Por Michel Leidermann

Supongo que la buena noticia es que el miedo por el Covid-19 ciertamente ha disminuido. 

Hasta hace poco, muchos comenzaban a sentirse enfermos después de salir de compras, convencidos de que habían contraído el coronavirus. 

A medida que las tiendas y los restaurantes se van adaptado al abrir en medio de una plaga, que requiere máscaras, la instalación de plexiglás y el distanciamiento social, ese miedo ha disminuido. La simple repetición de hacer todo esto sin desarrollar síntomas, probablemente también ha ayudado.

Sin embargo, la disminución del miedo tampoco es del todo racional. Hay días en que muchos pensaban que tenían el covid-19 pero asintomático. Cada día leyendo algo sobre el nuevo coronavirus, se entiende menos lo que realmente podría pasar, especialmente por la naturaleza poco confiable de las pruebas, la demora del as nuevas vacunas, y los caprichos de las estadísticas.

Las afirmaciones de que el nuevo coronavirus simplemente acelerará el trabajo a distancia ahora ya no me parecen tan fantasiosas, porque las sesiones de Zoom y Skype aumentan con el tiempo, pero hacen que nuestros cerebros trabajen horas extras para compensar y nos agotan.

Por otro lado, el clima más cálido ha hecho que las restricciones diarias sean más aceptables. Hay días soleados en los que hay gente en las calles y parques, algo parecido a la normalidad a la que estamos acostumbrados. Sin embargo, con más frecuencia, las mascarillas y la distancia social nos recuerdan que estamos pasando por una etapa incomprensible en lugar de un mundo que vuelve a la normalidad anterior.

Si el miedo ha disminuido, la rabia no. Con cada día que pasa, la incompetencia del presidente Trump para manejar la pandemia se vuelve más manifiesta. La idea de que la crisis ha perjudicado gravemente las posibilidades de su reelección, ofrece poco confort. Cerca de 70 mil personas están muertas, con muchas más a corto plazo.

Nuestro presidente simplemente no es lo suficientemente inteligente como para tratar este desafío. Ha alcanzado su mayor nivel de incompetencia. Tres actitudes: Primero fue ignorarlo; segundo, negarlo; tercero, culpar a todos los demás. 

Aparentemente Trump nunca aprendió que no se puede delegar la responsabilidad; se puede delegar autoridad, pero la responsabilidad se mantiene en la cima.

La idea de que podemos estimular la economía dando miles de millones de dólares a los mayores donantes políticos a favor de Trump, es fundamentalmente necia. Estas son las mismas compañías que usaron sus exenciones de impuestos (de la nueva ley de Trump) para recomprar sus acciones. Ahora debieran usar esas recompras como garantía para pedir dinero prestado si lo necesitan y no usar el de los contribuyentes. 

Este país siempre ha funcionado mejor cuando se tiene que levantar desde abajo. American Airlines no va a volar sus aviones hasta que la gente empiece a viajar. Los hoteles y restaurantes no van a contratar empleados hasta que aparezcan los clientes, al igual que con las tiendas. 

Creo que es hora de que nuestros legisladores, senadores y funcionarios electos detengan esta locura de improvisar por la pandemia antes que más miles de estadounidenses mueran.

Independientemente de quién gane en noviembre, Trump será presidente durante los próximos 9 meses. 

Su yerno Jared Kushner continuará baboseando tonterías y falsedades. El país se estancará económicamente, más estadounidenses sufrirán o morirán, y todo lo que podemos hacer por ahora es enfurecernos por la estupidez de los responsables que no actuaron oportunamente y que todavía no lo hacen eficientemente. 

 

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