“CREER ES PODER”, Y “SÍ, TÚ PUEDES” FUERON LOS LEMAS DE LA VIDA DE MARIEKE VERTVOORT
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La atleta belga Marieke Vervoort buscaba que el mundo tuviera conciencia de la eutanasia. Marieke Vervoort tenía una enfermedad muscular degenerativa e incurable.

La medallista paralímpica puso fin a su vida sometiéndose a eutanasia en su casa de la localidad flamenca de Diest, a los 40 años en octubre de 2019, junto con Zenn, su perro de servicio que la acompañó incondicionalmente.

Por ello la atleta paralímpica belga había autorizado, desde 2008, que médicos la sometieran a la eutanasia cuando ella lo decidiera. Y Vervoort “respondió a esa opción el martes en la noche” y murió a los 40 años tras abandonar el tratamiento que recibía en un hospital y someterse a una eutanasia.

Al haber firmado documentos para poner fin a su vida cuando ella lo decidiera declaró que buscaba crear consciencia sobre la eutanasia, que es legal en Bélgica.

Vervoort, que ganó medallas de oro y plata en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y otras dos medallas en Río 2016, padeció la enfermedad durante más de dos décadas, desde que la diagnosticaron cuando tenía 14 años.

La enfermedad comenzó en 1993 a raíz de una inflamación en un pie. Desde entonces el dolor se volvió algo intrínseco en su vida. Sin mayores precedentes, lo único que acertaron los doctores a decir fue que se trataba de una enfermedad muscular degenerativa incurable, con origen en la columna vertebral.

Poco a poco le dejaron de funcionar las piernas y tuvo que depender de la silla de ruedas. Después llegó la pérdida de visión y la creciente aparición de ataques de epilepsia. Y debido al dolor tan intenso, en muchas ocasiones sólo podía dormir en períodos de 10 minutos.

Vervoort se adaptó a las nuevas circunstancias con fiereza. Empezó con el baloncesto en silla de ruedas, probó el triatlón y finalmente eligió la explosividad de las distancias cortas en su silla de ruedas, las disciplinas que le reportaron mayores éxitos y le permitieron conocer la gloria olímpica.

En una extensa entrevista con la BBC en 2016 dijo: “A veces me siento muy muy mal, tengo un ataque epiléptico, lloro, grito debido al dolor. Tomo muchos analgésicos, valium, morfina”

“Mucha gente me pregunta cómo es posible que puedas tener esos resultados tan buenos y sigas sonriendo con todo el dolor y los medicamentos que consumes. Para mi, el deporte y la carrera con silla de ruedas, son una especie de medicamento”, declaró.

“Cada año es peor. A cada rato tengo que dejar de hacer cosas. Si me hubieras visto hace unos años, yo podía dibujar preciosas obras de arte. Ahora es imposible. Puedo ver en un 20%. ¿Qué será lo próximo? Tengo mucho miedo”.

Cuando en 2016 la BBC le preguntó sobre el hecho de haber firmado documentos que autorizaban su eutanasia dijo: “Esto le da un sentimiento de tranquilidad a la gente. Sé cuando ya será suficiente para mi, tengo esos papeles”.

El mejor momento de su carrera fue cuando ganó la medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Londres. Vervoor ganó oro en la prueba de 100 metros en Londres 2012 y plata en los 200 metros. En Río obtuvo plata en los 400 metros y bronce en 100 metros.

Su celebridad trascendió con creces su Flandes natal, donde publicó un libro en el que las peripecias deportivas convergen con la angustiosa lucha contra una enfermedad degenerativa. Su historia atravesó las fronteras de Bélgica cuando Vervoort hizo público en 2016 que había solicitado los papeles de la eutanasia. La atleta buscaba así espantar el fantasma del dolor terminal, un miedo que la perseguía en las noches interminables donde apenas podía pegar ojo y tenía que pulsar el botón para que una enfermera fuera a verla. También alejar, como ella misma afirmaba, cualquier tentación de suicidio. Desde que obtuvo el permiso —para lo cual en Bélgica es necesaria la aprobación de dos médicos— la certeza de poder elegir el momento del adiós le había devuelto el sosiego. 

 

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par Michel Leidermann
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