TRUMP EL EXPERTO EN NEGOCIAR NO HA HECHO MÁS QUE PERDER.
Por Michel Leidermann

Pero hoy, sin duda alguna, el centro desde donde se esparcen graves amenazas a la estabilidad mundial, es la Casa Blanca. El presidente que se presentó como un maestro en el arte de negociar y un perpetuo ganador, no ha hecho sino perder y dejar que dictadores infames lo manipulen.

Su nuevo amigo, el sangriento dictador de Corea del Norte, le hizo creer que estaba dispuesto a desmantelar su arsenal nuclear a cambio de que Washington le quitase las sanciones económicas, pero el tirano coreano ha seguido probando sus bombas nucleares y los misiles de largo alcance. 

Otro amigo de Trump, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, lo persuadió de que retirara las tropas estadounidenses de Siria, permitiera que fuerzas turcas invadiesen el norte de ese país y ‘neutralizaran’ las milicias kurdas. No le importó a Trump el decisivo rol que jugaron los kurdos ayudando a los militares estadounidenses en la feroz lucha contra el Estado Islámico. 

El favor de Trump a su amigo turco le está costando caro. De hecho, haber permitido el ataque turco contra los kurdos, logró lo que hasta ahora había sido imposible: que los republicanos en el Congreso votasen junto con los demócratas criticando la decisión del presidente. También condenaron formalmente el genocidio cometido entre los años 1915 y 1917 por parte del Imperio Otomano —actual Turquía— que terminó con la vida de hasta 1,5 millones de armenios. 

Igualmente es evidente que el presidente Trump se siente más cómodo con su otro mejor amigo, el ruso Vladimir Putin quien agradeció la retirada estadunidense que limitó su influencia en el Medio Oriente.

Trump tampoco ha tenido mucho éxito con su guerra comercial contra China (un principio de acuerdo no elimina el robo de tecnología y propiedad intelectual estadounidenses), con la decisión de retirar a EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán, en las negociaciones con los talibanes, en sus relaciones con sus aliados europeos y, por supuesto, con el intento de poner la política internacional de EE.UU. al servicio de sus intereses personales tanto electorales  (presionando al presidente de Ucrania para que investigara a Joe Biden y su hijo) como comerciales. 

En general, la pérdida de poder e influencia de EE.UU. en todo el mundo producida por las decisiones de Trump, pasará a la historia como uno de los más devastadores reveses geopolíticos.

Pero, a pesar de la inestabilidad que ha provocado Trump en el mundo, el mayor peligro es interno. Cada vez con más audacia y agresividad, el presidente está poniendo a prueba la Constitución y las normas de las cuales depende la democracia estadounidense. 

Trump ha desafiado al Congreso, negándole su derecho constitucional a obtener documentos o a la comparecencia de funcionarios públicos o ciudadanos que tienen información relevante. 

Los grotescos ataques del presidente a los políticos de la oposición, contra personas que trabajaron con él y terminaron repudiándolo, contra los medios de comunicación y periodistas, son constantes y crecientes. Estos no son simples excesos verbales de un político histriónico, son peligrosas conductas antidemocráticas.

Es obvio que Donald Trump no siente mayor reverencia por las leyes y sus instituciones. 

Es mucho lo que está en juego. Una fuerte democracia no solo beneficia al país, sino también al resto del mundo. Por eso, los intentos de socavarla que hoy vemos en Washington hacen de esa ciudad el lugar más peligroso del mundo.

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