PRESIDENTES ‘PSICOPÁTICOS’ EN LA HISTORIA DE LOS EE.UU. 
TRUMP NO ES EL PRIMERO AL QUE CALIFICAN DE “LUNÁTICO”
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Un estudio realizado en 2012 por psicólogos de la Universidad de Emory en Georgia encontró que varios presidentes anteriores de los EE.UU. exhibían rasgos psicopáticos, entre ellos Bill Clinton.

La investigación cubrió a todos los presidentes, excepto a Donald Trump y a Barack Obama.

Los dos considerados los más psicopáticos eran Lyndon Baines Johnson (LBJ) y Andrew Jackson, el héroe de Trump.

Los atributos psicopáticos fueron identificados por el equipo de Emory como carisma superficial, egocentrismo, deshonestidad, insensibilidad, control de impulsos deficiente e intrepidez.

Lyndon Baines Johnson (LBJ) era famoso por ser dominante. Robó descaradamente su elección en el Senado de 1948, luego hizo una broma aún más descarada al respecto. A LBJ no le importó poner la mano encima de la falda de otra mujer mientras su esposa, Lady Bird, estaba sentada a su lado. Le gustaba humillar a los subalternos convocándolos a tomar un dictado mientras orinaba en un lavabo o defecaba en un inodoro.

Andrew Jackson es recordado hoy más por su crueldad que por el envidiable logro de ser el único presidente en pagar la deuda nacional.

Y la reputación de Bill Clinton, por supuesto, quedó destrozada por su impulsividad sexual.

Algunos presidentes han manejado las tensiones de la Oficina Oval menos bien que otros.

Ya como vicepresidente, Richard Nixon tomaba medicamentos para la ansiedad y la depresión, junto con pastillas para dormir que ingería con alcohol y bebió excesivamente durante su turbulenta presidencia.

Abraham Lincoln fue propenso a la melancolía a lo largo de su vida. En 1841 en Springfield, Illinois, mientras se desempeñaba como legislador estatal, Lincoln rompió su compromiso con Mary Todd (aunque finalmente se casaron) y se hundió en una profunda depresión. Un amigo lo puso bajo vigilancia, sacando las navajas y cuchillas de afeitar de su habitación. En la Washington DC se rumoreaba que se había vuelto loco.

Se cree que otras dos presidencias fueron destruidas por la depresión clínica. Un trastorno depresivo importante dejó a Calvin Coolidge y a Franklin Pierce incapaces como líderes después de que murieran sus hijos.

Pierce sufrió una horrible tragedia justo antes de su toma de posesión en 1853. Pierce quedó devastado por la muerte de su hijo. El 14º presidente, su esposa Jane y su hijo Benjamin estaban en un tren que se descarriló cerca de Andover, Massachusetts. El vagón cayó por un terraplén y Benjamin, de 11 años, murió al instante. Era el único hijo de los Pierce, que ya habían perdido otros dos niños.

Por su parte, Coolidge asumió el cargo como un líder optimista y enérgico. Pero en el verano de 1924, su hijo de 16 años, Calvin Jr, fue a jugar a la cancha de tenis de la Casa Blanca, vistiendo unas zapatillas sin calcetines. El niño se hizo una ampolla en un dedo del pie, que se infectó, y murió de envenenamiento de la sangre. Su comportamiento se volvió cada vez más errático y explotaba ante invitados, ayudantes y familiares.

Theodore Roosevelt luchó contra una depresión severa al principio de su carrera política, después de la muerte de su joven esposa en el Día de San Valentín de 1884. Roosevelt se fue al parque nacional de Badlands en Dakota después de la muerte de su esposa donde construyó un rancho, cazó búfalos, arrestó ladrones y mató a un pistolero en una cantina.

Entonces, ¿Trump está mentalmente enfermo?

Aparentemente no. pero hay debate entre los psiquiatras a nivel internacional sobre si el narcisismo, un rasgo tan frecuentemente atribuido al actual presidente, es un trastorno de personalidad.

Pero Nassir Ghaemi, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tufts en Boston cree que el presidente Trump tiene “síntomas obsesivos clásicos”. “No duerme mucho. Tiene un nivel de energía física muy alto. Es muy impulsivo con el gasto, sexualmente impulsivo, no puede concentrarse” dice.

La presidencia de Trump, se nos dice tan a menudo, está rompiendo normas históricas.

Pero las extrañas y problemáticas vidas de los anteriores mandatarios parecen plantear la cuestión: ¿qué es normal? 

 

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par Michel Leidermann
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