AMLO ASUMIÓ EL CARGO DE PRESIDENTE DE MÉXICO CON UNA "TOMA DE PROTESTA".
¿POR QUÉ EN MÉXICO SE LLAMA ASÍ LA INVESTIDURA DEL PRESIDENTE?
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El momento culminante de la posesión presidencial en México viene precedido por 61 palabras de una promesa de cumplimiento de la ley, tal y como lo dicta la Constitución.

Al acto se le llama “toma de protesta y la representación del pueblo -los diputados y los senadores- son los encargados de tomar esa declaración al nuevo mandatario.

Al contrario de lo que ocurre en otros países, en la ceremonia de investidura mexicana no hay un juramento ni se abre espacio a simbolismos religiosos, como evocar a Dios o usar una Biblia en el acto.

Cuando México como Estado dejó su vínculo con la Iglesia, en el siglo XIX, todos esos signos que tenían que ver con el juramento religioso se cambiaron por una terminología liberal, que es la protesta.

Es por ello que para “protestar” el cargo, el presidente electo debe pronunciar las siguientes 61 palabras: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande”.

El acto de la “toma de protesta” se realiza en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados donde recibió la Banda Presidencial, la prenda con los colores de la bandera que utiliza el presidente cuando toma el cargo y también en diversas ceremonias de gala, como el festejo de la Independencia o en recepciones de embajadores.

Pero el acto de la “toma de protesta” ante el Congreso es en realidad un ritual más que un acto legal.

En México se dice “protestar”, palabra que entre sus significados está el de “expresar queja o disconformidad”, según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE).

Protestar es sinónimo de juramento, pero no tiene esa connotación religiosa. No se jura, sino se protesta, se hace el compromiso, se promete.

Los cambios que ha tenido este protocolo presidencial reflejan también cómo México se fue transformando en un Estado laico, sin influencia de la Iglesia, a lo largo de su historia.

La Constitución de 1824, la primera del país independiente estaba en el otro extremo: declaraba que la religión del país “es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana”.

Para la década de 1850, México tuvo un conflicto bélico entre liberales y conservadores que desembocó en el triunfo de la separación Estado-Iglesia.

Surgió entonces la Constitución de 1857, que mantuvo el acto de “jurar” para cumplir con la Carta Magna, pero eliminó las referencias religiosas:

La promulgación de las Leyes de Reforma, posteriores a esa Constitución de 1857, terminaron por sustituir el “juramento” y en su lugar se especificó que el presidente debía “protestar”.

La Constitución de 1917, vigente hasta la actualidad, eliminó cualquier simbolismo religioso.

Este acto político permaneció sin cambios durante décadas, pero el propio López Obrador dio pie de algún modo a modificar la Constitución tras la controvertida elección de 2006 en la que participó.

El político resultó derrotado por una diferencia de 0,56% de los votos según el conteo oficial, por lo que los legisladores de su coalición bloquearon el Congreso para evitar que el presidente electo, Felipe Calderón, rindiera su protesta. El 1 de diciembre de 2006 hubo forcejeos para impedir que Felipe Calderón llegara al Congreso. Finalmente, pudo cumplir con el acto en medio de gritos y forcejeos, pero ese momento provocó que se añadieran varios párrafos a la Constitución para ampliar las reglas protocolarias.

El documento ahora dice que, de no poder hacerlo ante el pleno del Congreso, la toma de protesta presidencial se podrá efectuar ante una comisión de legisladores o ante el presidente de la Suprema Corte. 

 

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