LA HISTORIA LOS JUZGARÁ…
Por Michel Leidermann

Si puede, recuerde cuando usted era pequeño y recuerde cómo se sintió al estar separado de su madre y su padre. No solo jugando en el patio o en la calle o parque, incluso por un corto momento, sino verdaderamente perdido. Recuerde el pánico que sintió.

Si alguna vez fue padre o madre, recuerde la emoción al estar en un lugar público, darse vuelta y descubrir que su hijo ya no está. Aun en un segundo, estos juguetones y despreocupados críos pueden desaparecer como el humo. Recuerde ese sentimiento de espanto. Recuerde la terrible idea de que “tal vez” no podría volver a ver a ese hijo.

Si usted es estadounidense, comprenda lo que se está haciendo en la frontera en este momento. Miles de niños han sido arrancados de los brazos de sus padres. Según los informes, a las madres les dijeron que se llevaban a sus hijos para que se bañaran, solo para enterarse unos minutos u horas después, de que no se los regresarían. 

Padres acusados ​​de un delito menor por cruzar ilegalmente la frontera, pero son sancionados en el acto cuando les arrebatan a sus hijos. 

Hombres y mujeres trabajando bajo la protección de la bandera estadounidense, literalmente secuestran a estos niños. Oficiales de policía y de frontera, debidamente juramentados, están cometiendo actos de terrorismo contra niños y niñas pequeños que llevaran esas cicatrices mentales por el resto de sus vidas, y lo están haciendo con el fin de que sea un elemento de disuasión para que no traten de entrar al país, pero demostrando con ello lo inhumano de lo que los estadounidenses son capaces ahora, incluso con los niños. 

Si alguna vez usted ha sido padre o madre, imagine a su hijo viviendo en un país corrupto y sin ley como varios en Centroamérica, dominado por bandas criminales, en el tipo de pobreza que no solo es situacional sino generacional, sin esperanza alguna de escapar. Ahora imagine que sabe que, en algún lugar al norte, hay una línea y que al otro lado de esa línea hay una tierra de generosidad y de seguridad donde cualquier persona que trabaje duro puede ganar una parte de esa abundancia para ellos y sus niños. Si esa fuera su situación, ¿Qué no haría para llevar a su hijo a ese lugar? ¿Arriesgaría su vida? ¿Cometería un delito menor?

Si por el contrario usted apoya esta locura de secuestrar a los hijos de sus padres mientras afirma ser cristiano, usted no lo es.

Y si aún pretende ser un buen cristiano, considere Levítico 19: 33-34: “Cuando un extranjero vive contigo en tu tierra, no lo maltratarás. El extraño que reside contigo será para ti como uno de tus ciudadanos; lo amarás como a ti mismo, porque extranjero fuiste en la tierra de Egipto. Yo soy el Señor tu Dios “.

Si cree que la historia futura y los hijos de nuestros hijos no juzgarán a todos los responsables por estos secuestros de la misma manera que juzgaron a aquellos que guardaron silencio mientras se compraba y vendía a estadounidenses negros, mientras los indígenas americanos eran asesinados, mientras los estadounidenses de origen japonés eran arrestados y forzados a campamentos de detención, entonces usted está equivocado.

Y si no está avergonzado por lo que los Estados Unidos le está haciendo a estos niños, ¡debería estarlo!!! 

 

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