ODIO
Por Michel Leidermann

Lo que hace brillar la democracia americana no es la ausencia de odio, sino la respuesta al odio. Repugnantes ideas siempre han girado en este país en medio de lo legítimo: el racismo, el antisemitismo, la desigualdad de sexos, y el nacionalismo. Esa fealdad no está prohibida. Está protegida por la Constitución. También es marginada y rechazada por la nación en general porque las ideologías discriminatorias están vacías de valor. 

Sin embargo, en junio pasado, en Charlottesville, Virginia, se produjo un hecho vergonzoso: un grupo de infames, neonazis, miembros del KKK y otros grupos supremacistas, desfilaron para defender sus despreciables valores y protestar la remoción pública de una estatua honrando al general sureño Robert E. Lee en la Guerra Civil de los Estados Unidos.

Los contra-manifestantes fueron a responder al discurso, con discurso. Era la democracia en acción. Este es nuestro país para mejor, porque incluso los nazis tienen derecho a manifestarse. Al igual que los que piensan que los nazis son despreciables.

Heather Heyer, de 32 años, murió y al menos 19 personas resultaron heridas cuando un automóvil arremetió contra un grupo de manifestantes que se oponían a los supremacistas.

La pérdida de vidas y las numerosas lesiones son trágicas y lamentables. La violencia no es un precio aceptable para pagar por la libre expresión. La Primera Enmienda garantiza el derecho a una asamblea pacífica por lo que la violencia no debería haber ocurrido en Charlottesville. 

Por un lado, estaban los supremacistas y nacionalistas blancos haciendo el saludo nazi, agitando banderas confederadas, llevando armas, lanzando insultos antisemitas y, en algunos casos, usando gorras de campaña de Trump (make américa great again). En el otro lado estaban los contra-manifestantes incluyendo miembros del movimiento Black Lives Matter.

Donald Trump sólo unas 48 horas más tarde de estos eventos en Virginia, bajo presión de que necesitaba hacerlo, llamó a regañadientes a condenar a los supremacistas blancos.

Trump estaba preocupado por que la gente decía que su retórica incendiaria había animado a los nazis norteamericanos a emerger de las sombras. Y de hecho David Duke, el líder KKK de Luisiana, lo dijo claramente. Dijo que esos manifestantes de supremacía blanca en Charlottesville, de los cuales él es uno, estaban tratando de “cumplir las promesas de Donald Trump”.

El intento de Trump de subsanar sus terribles equívocos sobre el nacionalismo blanco, fue bienvenido, y sin embargo, dijo que “un poco de neonazismo es proporcionado”.

Hasta ahora, la civilidad política era una característica distintiva de los estadounidenses. Era una de las primeras cosas que los extranjeros admiraban cuando llegaban a este país. Los políticos se peleaban en el Congreso, pero era raro ver que amigos o familiares se distanciaran por motivos políticos.

Pero ahora todo eso ha cambiado. Muchas personas que conozco han decidido no hablar de política con sus amigos y familiares, para no pelearse.

No es de extrañar que grupos neonazis estén apoyando a Trump, porque se sienten envalentonados por el discurso de Trump, aun cuando haya dicho que no apoya a “algunos de ellos”.

La verdad es que tenemos un presidente demagogo que incita al odio, que es apoyado por grupos neonazis, que está dividiendo a los estadounidenses, y que habla como si él estuviera por encima de la Constitución.

América tiene un problema con muchas formas de intolerancia y sectarismo. Eso no es ningún secreto. La pregunta que los estadounidenses deben enfrentar, es cómo responder. 

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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