EL PREOCUPANTE RESULTADO DE LA AUTOPSIA DEL CEREBRO DE AARON HERNÁNDEZ QUE SE SUICIDÓ EN PRISIÓN
HERNÁNDEZ ESTABA LLAMADO A SER UNA DE LAS GRANDES ESTRELLAS DE LOS NEW ENGLAND PATRIOTS, EL MEJOR EQUIPO DE LA NFL DE LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS
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Colocado sobre una mesa de laboratorio, horas después de su muerte, el cerebro de Aaron Hernández ofrecía una apariencia saludable. A pesar de su apariencia saludable, el cerebro de Hernández estaba profundamente dañado por la encefalopatía traumática crónica o CTE similar al de alguien de 60 años afectado por esa enfermedad cerebral degenerativa. Los científicos estadounidenses lo consideran el caso más grave jamás registrado en alguien de una persona joven, de 27 años, que sólo vio truncada su carrera en el mundo del fútbol americano tras ser condenado por el asesinato de uno de sus amigos en 2013.

En abril, mientras cumplía cadena perpetua en prisión por el asesinato del también jugador Odin Lloyd, Hernández se suicidó.

Hernández estaba llamado a ser una de las grandes estrellas de los New England Patriots, el mejor equipo de la NFL de los últimos 20 años.

El CTE causa trastornos en el comportamiento como agresividad, depresión y falta de control emocional, además de problemas cognitivos como pérdida de la memoria y demencia. Tiene diferentes niveles de gravedad, que generalmente va aumentando a medida que la persona envejece.

La enfermedad CTE se conoció en un principio como “demencia pugilística” dada su conexión con los boxeadores, sometidos constantemente a los golpes en la cabeza.

Pero fue a partir de 2002, gracias a la intervención del doctor Bennet Omalu, especialista en temas forenses y de neurología, que la enfermedad trascendió más allá del cuadrilátero.

Omalu, que había llegado a Estados Unidos procedente de Nigeria, hizo público los hallazgos que encontró tras analizar el cadáver de Mike Webster, una leyenda de fútbol americano que había fallecido de manera repentina.

Su historia fue llevada a la gran pantalla en un filme protagonizado por Will Smith.

Omalu fue el primero en vincular el CTE con el deporte más popular de Estados Unidos y en exponer los riesgos de esta práctica.

El cerebro de Hernández fue llevado al hospital de la Universidad de Boston en una especie de operación secreta, para evitar que la investigación trascendiera a los medios de comunicación y se hiciera pública.

Al cortarlo en pedazos de 1,3 centímetros, los investigadores notaron la existencia de “cuevas” de un tamaño inusual en el centro del órgano, que se expandían a medida que el tejido cerebral disminuía, algo poco común para una persona de 27 años, edad en la que el cerebro suele ocupar casi todo el cráneo.

No obstante, el principal indicio de esa enfermedad se encontró cuando se percataron de una acumulación excesiva de proteína tau, que mata las células nerviosas. Esa proteína es normal que se encuentre en el cerebro y constituye una especie de “cemento” que da estabilidad al sistema de transporte de sustancias dentro de las células nerviosas. Es por este proceso que las conexiones entre las áreas cerebrales que procesan determinadas funciones, como las emociones y memoria, dejan de funcionar normalmente.

En el caso de Hernández, la proteína tau apareció por toda la corteza frontal, la parte del cerebro que controla la toma de decisiones, los impulsos y la inhibición.

También se había expandido a las amígdalas, que regulan emociones como el miedo o ansiedad, y otras partes del cerebro como el hipocampo, que se asocia principalmente con la memoria y con una parte del sistema límbico (responsable del comportamiento social).

En julio, el diario New York Times publicó los resultados de un estudio llevado a cabo a 202 cerebros, 111 de los cuales pertenecían a exjugadores de la NFL. De entre estos, 110 mostraron señales de CTE.

La mayor parte de los cerebros estudiados hasta ahora fueron donados por las familias de los atletas que se sospechaba sufrían de la enfermedad, lo que puede incidir en los resultados de las investigaciones, pero falta un estudio más exhaustivo para determinar con más claridad el verdadero alcance del CTE entre los atletas. 

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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