HARRY Y MEGHAN: AMOR Y ESPERANZA
Por Michel Leidermann

La alegría con la que el príncipe inglés Harry y la actriz estadounidense Meghan Markle anunciaron públicamente su compromiso de matrimonio, fue un hermoso recordatorio de que el amor hace que todo sea posible.

Sus antecedentes no pueden ser más diferentes. Markle, la hija de un padre blanco y una madre negra, es una divorciada de 36 años de Los Ángeles. El príncipe Harry es el hijo de 33 años del Príncipe Carlos y la Princesa Diana.

Mucho se ha hablado de la naturaleza interracial de la relación de Harry con la actriz. Ha habido críticas e indignación. Pero las nupcias de dos personas tan embelesadas entre sí representan el mejor subproducto del amor: la esperanza. Si el amor puede impulsar a Harry y a Meghan a vislumbrar más allá del odio racial que se ha apoderado de nuestra política y nuestras sociedades, tal vez haya esperanza para el resto del mundo. 

En un mundo donde Donald Trump puede ser presidente a pesar de sus comentarios racistas, donde los supremacistas blancos se normalizan en los Estados Unidos, donde los antiguos dueños confederados de esclavos son conmemorados y festejados, y donde los manifestantes antirracistas son malmirados y vilipendiados: en ese mundo necesitamos esperanza.

Harry seguramente entiende esa verdad a través de la vida y los amores de su madre, la princesa Diana. Divorciada por Carlos, el padre de Harry, Diana tuvo una relación con el cirujano y cardiólogo pakistaní Hasnat Khan. Poco después, conoció al productor de cine egipcio Dodi Fayed, con quien estaba en un automóvil cuando murieron en un accidente.

A través de sus diversos esfuerzos caritativos, Diana desplegó compasión por aquellos que no se parecían a ella. En su vida personal, estaba dispuesta a amar más allá de la barrera del color de la piel. Harry comparte esa cualidad con su madre.

Pero la suya no sería la primera relación real que sirva como precursora del cambio racial. El rey Jorge III se casó con Charlotte de Mecklenburg-Strelitz en 1761 que según las fuentes, descendía directamente de Margarita de Castro y Sousa, una rama negra de la familia real portuguesa. 

En todo, caso tal vez Meghan Markle, una mujer de raza mixta, junto con su príncipe Harry, logren impulsar el progreso racial que necesitamos en este mundo aun poblado por racismo y odio religioso.

El amor entre Harry y Meghan podría servir como una luz brillante en la oscuridad racista que nos envuelve. Estoy convencido de que el amor y la esperanza van de la mano.

 

PRIVACIDAD

Si alguna vez existió un concepto que podemos mirar retroactivamente con nostalgia, ese concepto sería la privacidad. Un concepto que ha desaparecido. Un concepto que de todas maneras desapareció hace mucho tiempo. Hay cámaras en la calle, en la mayoría de los edificios públicos y privados, e incorporadas en sus computadoras y teléfonos celulares. Por consiguiente, pueden estar seguros que “Ellos” saben quiénes somos y dónde nos encontramos, saben hasta las coordenadas GPS, y pueden ver la calle en que vivimos por Google. Si compramos algo, nuestras preferencias son colocados en un trillón de perfiles, y los anuncios comerciales de “ellos” cambian para reflejar esos gustos. Además “ellos” tratarán de convencernosa, una y otra vez, para que compremos alguna otra cosa.

Lo único que nos quedará sin que “ellos” lo cambien serán nuestros “Recuerdos”… pero ¡ojalá que el Alzheimer no nos despoje también de ellos!!!  

 

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