¿TODAVÍA UNA NACIÓN DE INMIGRANTES?
Un poco de historia de los Estados Unidos antiinmigrante 
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Ellis Island en la Bahía de Nueva York adonde llegaban los inmigrantes ...

Vivimos en una época en la que el número de personas ricas y mayores es cada vez es menor, y el número de personas pobres y jóvenes es cada vez mayor con lo que las presiones migratorias aumentan sin cesar como consecuencia de las desigualdades mundiales y de conflictos armados, y los países más desarrollados se encuentran en una crucial encrucijada demográfica y laboral.

La inmigración es una fuerza transformadora, que produce cambios sociales profundos e imprevistos tanto en las sociedades emisoras como en las de acogida, y en las relaciones entre los distintos grupos dentro de las sociedades de acogida y entre los propios inmigrantes y sus descendientes. 

La inmigración va acompañada, no sólo de procesos de aculturación y de asimilación por parte de los inmigrantes, sino también de medidas políticas de los países para controlar las oleadas. También conlleva distintos tipos de reacciones de los residentes establecidos y de sus políticos, que pueden considerar que los recién llegados son amenazas culturales o económicas. El miedo al extranjero y lo desconocido y la consecuente xenofobia y menosprecio, crece en mayor o menor medida con todas las formas de migraciones internacionales y se ve agudizado por la crisis económica global, los atentados terroristas, la guerra y la afluencia de refugiados.

Una característica fundamental de Estados Unidos, ha sido la extraordinaria capacidad de la llamada “nación de inmigrantes”, para absorber a decenas de millones de personas de todas las clases, todas las culturas y todos los países. Sin embargo, esa virtud admirable ha coexistido siempre con una cara más egoísta del proceso de construcción y concepción nacional. De hecho, gran parte de la historia estadounidense puede verse como un proceso polémico de los procesos de inclusión y exclusión y, en casos extremos, de expulsiones y deportaciones forzosas.

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Se rechazaba a toda persona con enfermedad

La magnitud de estos procesos de inclusión podría contarse a través de la historia de dos ciudades. La primera, Nueva York, ciudad de inmigrantes por excelencia. Desde 1820 (cuando se empezó a guardar registro de las llegadas) hasta 1892 (el año en que empezó a funcionar el control de la isla de Ellis, en la entrada al puerto de Nueva York junto a la Estatua de la Libertad erigida en 1886), los inmigrantes llegaban en barco a los muelles en la punta de Manhattan. 

Desde 1892 hasta su cierre en 1954, la isla de Ellis fue el puerto de entrada de más de 12 millones de personas y el centro de inspección de inmigrantes con más tráfico de Estados Unidos, sobre todo entre 1905 y 1914. A partir de 1924, ese islote sirvió principalmente como centro de detención y deportación. 

Otros 100 millones de estadounidenses descienden de personas que llegaron entonces a la isla de Ellis y se repartieron por todos los rincones del país. Es decir, más de la mitad de la población estadounidense actual (320 millones de habitantes) tiene antepasados que entraron por la ciudad de Nueva York entre la década de 1820 y la de 1920.

Hasta su cierre en 1954, la isla de Ellis fue el puerto de entrada de más de 12 millones de personas y el centro de inspección de inmigrantes con más tráfico de EE UU

En la costa oeste, las cosas se desarrollaron de manera muy distinta, especialmente en Los Ángeles, que hoy en día es la principal metrópoli inmigrante del mundo. 

En 1960, Los Ángeles aún era la más blanca y la más protestante de las grandes ciudades del país. A finales de los años 80, un tercio de todos los inmigrantes que entraban en Estados Unidos se establecía en California; hoy, el 72% de residentes en el condado de Los Ángeles (el más grande del país), pertenece a minorías étnicas (es decir, 7,2 millones de personas).

El sur de California alberga la mayor concentración de mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, filipinos, coreanos, japoneses, taiwaneses, vietnamitas, camboyanos e iraníes, fuera de sus respectivos países de origen, y tiene también contingentes notables de armenios, chinos continentales, hondureños, indios, laosianos, rusos, judíos israelíes y árabes procedentes de varios países, entre otros. 

En la actualidad, los inmigrantes representan más del 25% de los 38 millones de residentes en California, y más de la cuarta parte de todos los inmigrantes del país vive en dicho estado. Esto se debe a varios factores: la ley de inmigración de 1965 (que revocó una ley racista de 1924 que imponía cuotas por país de origen), el reasentamiento de cientos de miles de refugiados de Cuba durante la Guerra Fría y de Vietnam, Laos y Camboya al terminar la guerra de Indochina en 1975, y la amnistía concedida por la ley de reforma y control de la inmigración a los inmigrantes indocumentados de 1986. 

Hoy, la proporción de personas nacidas en el extranjero es del 13% a nivel nacional, cerca del récord histórico del 14,8% en los últimos años del siglo XIX.

En la actualidad los grupos con mayor y menor nivel educativo están notablemente formados por inmigrantes, en un mercado laboral cada vez más dividido entre sector tecnológico con alta remuneración frente a sector manual con baja remuneración, que atrae tanto a inmigrantes profesionales como a trabajadores sin papeles.

Estos últimos se han convertido en el elemento más controvertido de la política de inmigración. De los 43 millones aproximados de inmigrantes que viven hoy en Estados Unidos, un poco más de la cuarta parte —se calcula que unos 11 millones— son indocumentados. 

El momento actual se remite a los Know Nothing de mediados del XIX y su violento anticatolicismo; a los movimientos nativistas posteriores contra los inmigrantes del sur y el este de Europa, que culminaron en la racista y restrictiva ley de cuotas por país de procedencia de 1924; a la histeria antialemana de la Primera Guerra Mundial. También trae a la memoria muchos otros movimientos de exclusión: como el desplazamiento forzoso de poblaciones indígenas, la ley de expulsión de chinos de 1882; el acotamiento de una zona prohibida a los asiáticos de 1917, el internamiento de estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial, y la repatriación durante los años 30 del siglo XX de un millón de estadounidenses de origen mexicano (más de la mitad eran ciudadanos estadounidenses), es decir, el destierro de cerca de un tercio del número total de mexicanos estadounidenses que había en aquella época. 

Ahora ante la impensable llegada al poder de Trump, estamos a punto de iniciar un periodo lleno de incertidumbres que quizá acabe siendo aún uno de los más trágicos y vergonzosos en la historia de la nación.

Por otro lado, resulta irónico que Barack Obama, que llegó a la presidencia tras haber prometido reformar las leyes de inmigración, dejó el cargo después de que durante su presidencia se ha producido el mayor número de deportaciones de la historia del país. 

La historia puede que no se repita, pero… 

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Entre 1892 y 1954, más de 12 millones de inmigrantes entraron por Ellis Island

 

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par Michel Leidermann
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