¿JEFF SESSIONS OCULTÓ O MINTIÓ BAJO JURAMENTO SOBRE Los rusos?
LAS REUNIONES CON EL EMBAJADOR RUSO LO FUERZAN A APARTARSE DEL CASO DE LOS CIBERATAQUES DEL KREMLIN
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Jeff Sessions

Tras destaparse las conversaciones del fiscal general de Estados Unidos, con el embajador ruso Sergei Kislyak, Jeff Sessions, uno de los hombres de máxima confianza del presidente Donald Trump, aceptó retirarse en todas las investigaciones sobre la conexión entre el Kremlin y la campaña electoral de Trump. 

La decisión fue adoptada después de que se hiciera público que Sessions había ocultado al Senado sus reuniones con el embajador ruso en pleno ciberataque de Moscú contra el partido demócrata. 

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Sergei Kislyak

Bajo esta presión, de nada valió el “apoyo total” que le brindó el presidente. El fiscal general, mortificado por demócratas y republicanos, se vio forzado a recusarse a sí mismo. “Es un hombre honesto y no dijo nada malo; pudo ser más claro, pero no fue intencionado, aunque pudo explicarse más claramente”, afirmó luego el presidente.

Trump ha recibido su segundo golpe en un mes sobre la injerencia de Rusia en las elecciones de los EE.UU.. Hace tres semanas, una conversación con el embajador Sergei Kislyak le costó el puesto al consejero de Seguridad Nacional, el general Michael Flynn, que llegó a ocultar el contenido de su reunión al propio vicepresidente Mike Pence, abriendo una crisis que se agudizó al descubrirse a los pocos días que otros miembros del equipo de campaña de Trump habían entrado en un sospechoso juego de contactos con agentes de inteligencia rusos.

Kislyak se reunió dos veces con el entonces senador Sessions. La última cita se celebró en septiembre en la oficina del senador en el Capitolio nacional, coincidiendo con el momento más duro del ciberataque ruso al partido demócrata.

El repaso a sus comparecencias en el Senado, revelan que silenció cuidadosamente las conversaciones con Kislyak. Al ser preguntado por el senador demócrata Al Franken, qué haría si tuviese conocimiento del vínculo de algún miembro de la campaña de Trump con el Kremlin, respondió mintiendo: “No soy consciente de ninguna de esas actividades. Fui llamado una vez o dos a trabajar en la campaña, y no he tenido comunicación con los rusos. No tengo capacidad para contestar”.

Ante esta actitud, los demócratas exigieron su inmediata renuncia. Los propios republicanos aceptaron parte de las críticas y pidieron a Sessions que aclarase su actuación y se apartara de las investigaciones.

El apartamiento del fiscal general supone un descalabro para Trump. Con Sessions maniatado, es difícil que la Casa Blanca pueda interferir en futuras indagaciones, pese a que cada día que pasa son mayores las probabilidades de que el escándalo derive en una explosión incontrolada. El FBI y el Senado ya investigan desde el año pasado la trama. Y el comité de inteligencia de la Cámara de Representantes acordó iniciar sus pesquisas y centrarlas en el punto neurálgico: “Investigar las acusaciones de confabulación rusa con la campaña de Trump”.

Trump sabe que los servicios de inteligencia, a los que ha fustigado con insistencia, desconfían de él. Sus constantes elogios a Vladímir Putin y su apelación en plena campaña a que siguiera jaqueando los correos de los demócratas forjaron este distanciamiento. 

Las consecuencias ya se están viendo. 

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