AMÉRICA NECESITA A TRABAJADORES INMIGRANTES
Por Michel Leidermann

Es probable que muchos no sufrieran terriblemente durante el paro nacional para demostrar el impacto económico de los trabajadores nacidos en el extranjero. Vigorizados por la promesa del presidente Trump de deportar a millones de indocumentados, en varias ciudades miles marcharon en el reciente “día sin inmigrantes” para protestar. No trabajaron; No hicieron compras. Algunas empresas cerraron sus puertas en solidaridad.

Cerca de una cuarta parte de los trabajadores agrícolas de la nación son inmigrantes sin papeles. Deportarlos - o perseguirlos - conduce a problemas enormes para los granjeros y precios más altos para los consumidores mientras que los cultivos se pudren en los campos.

Uno de los primeros actos oficiales de Trump, fue firmar una orden ejecutiva para instruir a los funcionarios de inmigración a ampliar las deportaciones. Bajo lBarack Obama, agentes de inmigración se enfocaron en expulsar a criminales convictos y a recién llegados, no a aquellos que viven y trabajan aquí sin permiso, pero que en lo demás, respetan la ley. Esa política fue un reconocimiento de que esos inmigrantes son un positivo para los EE.UU.

El secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, emitió pautas diseñadas para deportar a más inmigrantes, y más rápido. A los oficiales de deportación se les dio la libertad de realizar más incursiones en comunidades de inmigrantes, detener a personas sin antecedentes penales y arrestarlos incluso por infracciones menores.

Trump prevé la contratación de 10.000 oficiales de inmigración y 5.000 agentes de la Patrulla Fronteriza, así como un renovado impulso para que los agentes de policía locales se conviertan en policías de inmigración de facto. También pide construir más centros de detención y, por supuesto, el muro en la frontera. Kelly dice que deportar a los delincuentes sigue siendo la máxima prioridad.

Convengamos que no es del mejor interés del país tener 11 millones de indocumentados, una consecuencia grave del fracaso del sistema de inmigración. Pero deportarlos y tratar de cerrar la frontera, empeoraría las cosas en lugar de mejorarlas.

El sistema de inmigración existe para mantener un flujo ordenado de trabajadores para satisfacer las necesidades laborales, pero ha estado fuera de control durante décadas. Los indocumentados rompen nuestras leyes para trabajar aquí - y las empresas estadounidenses rompen esas leyes para contratarlos - porque el sistema no permite que suficientes migrantes trabajen donde más se necesitan.

Trump no entiende el rompecabezas de la inmigración. Tampoco los miembros del Congreso que han pasado tantos años criticando a los infractores en vez de arreglar un sistema disfuncional. 

Los indocumentados representan casi el 5% de la mano de obra estadounidense. Se concentran en industrias que los necesitan desesperadamente: agricultura, construcción, hospitalidad, cuidados, por nombrar algunos. No podemos expulsarlos y reemplazarlos con trabajadores legales porque el sistema de inmigración no permite suficientes. Y no, los estadounidenses no están dispuestos a tomar esos trabajos, especialmente con el desempleo en menos del 5 %.

Los estudios muestran que los 11 millones de inmigrantes gastan $150.000 millones de al año. Pagan un estimado de $7 mil millones al año en impuestos de Seguridad Social (aunque nunca lo recogerán) y $11.6 mil millones en impuestos estatales y locales, a pesar de ser inelegibles para Medicaid, desempleo, cupones de alimentos y la mayoría de otros beneficios del gobierno. Más de la mitad de ellos presentan declaraciones de impuestos federales, según el IRS.

La solución a la inmigración ilegal es la inmigración legal. 

 

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