ÁRBITRAS SE ABREN PASO EN FÚTBOL MASCULINO, SORTEANDO INSULTOS Y SEXISMO
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La árbitra peruana Melany Bermejo (i) junto a Sonia Quispirimachi saludan a futbolistas previo a un partido en Lima el 24 de abril de 2016

Segundo tiempo. Pierna fuerte, viene el pitazo y se cobra falta. “Vete a la cocina”, le reclama el sancionado a Melany Bermejo, árbitra peruana FIFA. Es lo más suave que le han dicho. Como muchas de sus colegas en el mundo, lucha por abrirse paso en esta tarea aún controlada por hombres.

Si bien son centrales en torneos femeninos, la mayoría de árbitras FIFA, como Melany de 37 años, dirigen como máximo partidos de segunda división masculina. Sólo son jueces principales en duelos de reserva. En primera división, lo máximo que consiguen son ser jueces de línea o “cuarto árbitro”.

En América Latina, entre las excepciones están la uruguaya Claudia Umpierrez, que acaba de debutar como árbitro de primera de hombres en febrero de 2016, mientras que las venezolanas Emikar Caldera y Yersinia Correa ya lo hacen desde hace unos tres años.

Fuera de esta región, apenas figura Gladys Lengwe en Zambia y Kateryna Monzul en Ucrania. 

El resto aún batalla por seguir ascendiendo. Primero deben vencer las pruebas de exigencia física que usualmente los varones consiguen superar, sobre todo relacionadas a la velocidad y rendimiento que establecen FIFA y Conmebol. Seguir a Lionel Messi o a Cristiano Ronaldo en un ataque que arranque desde el medio campo, debe ser complicado, aunque no imposible.

“La prueba internacional de varones es muy exigente y lo digo porque la he vivido en carne propia”, explica la peruana Melany Bermejo, quien es árbitra hace 10 años y en sus ratos libres enseña educación física en un colegio de Lima.

“El fútbol masculino es más rápido y los futbolistas son más dotados, ya que muchos de ellos comienzan a jugar desde niños”, admite por su parte Loreto Toloza, árbitro asistente de Chile, de 32 años.

La FIFA tiene registradas 720 árbitras (324 jueces principales y 396 asistentes), además de 30 en futsal y 2 en fútbol playa, según datos oficiales del organismo rector enviados a la AFP.

Pero las mujeres aún deben recorrer un largo camino en muchos países. De las 209 federaciones, 60 no tienen en sus filas árbitra alguna, es decir, el 28,7% del total, de acuerdo con los datos de la FIFA.

En México, la primera mujer que dirigió un partido en primera fue Virginia Tovar en 2004. Un debut que se vio opacado cuando el ídolo Cuauhtémoc Blanco le espetó “ponte a lavar platos”.

“Tienes que hacer el doble de esfuerzo en comparación a un hombre”, dice Lixy Enríquez, árbitra mexicana asistente, de 42 años. Cuenta que, irónicamente, desde las tribunas quienes más las atacan son las propias mujeres. “Los hombres gritan piropos como: ‘Yo me quiero llevar a la asistente’”, detalla.

También han pasado temor. “Un jugador se me vino encima por un fallo que no le gustó (...) Siempre está el temor de que algún insensato quiera hacer algo así. Hay que estar lista para correr”, confiesa entre risas la nicaragüense Tatiana Guzmán, de 28 años.

La referí argentina Salome Di Iorio, recuerda que la palabra árbitra fue aceptada por la Real Academia Española en 2001. De niña jugaba fútbol y le decían: “¿Qué podés saber de fútbol si sos mujer?”. Así que se cansó y se anotó en un curso de arbitraje, cuenta. Como jueza se ha enfrentado a escupitajos. Otros avezados jugadores, mientras anotaba los cambios, le pedían también que ‘anote’ sus números de teléfono. 

Aún está vivo el recuerdo de Florencia Romano, la argentina cuya madre quería que fuera modelo y ella eligió ser árbitro. En 1996 protagonizó una huelga de hambre para exigir su inclusión en la nómina de árbitros profesionales, mientras el entonces presidente del fútbol argentino, Julio Grondona, decía que no era sensato que una mujer arbitre. 

 

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par Michel Leidermann
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