Revolución Blanca en Honduras
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Posiblemente al mundo le tome algún tiempo entender qué es lo que sucedió en Honduras, este pequeño país, conocido por muy pocos.
Pues bien, fue aquí donde se produjo una Revolución Blanca, comparable proporcionalmente a la caída del Muro de Berlín, que marcó el principio del fin del comunismo, régimen que por más de setenta años desgració la vida de millones de personas.
Un grupo de populistas, liderados por Hugo Chávez habían venido introduciendo un nuevo tipo de dictadura llamado Socialismo del Siglo 21, nombre elegante, detrás se refugian simples tiranos.
Venezuela primero, Bolivia después, a continuación Ecuador, Nicaragua en proceso y Honduras como nueva víctima del discurso falso, los países caían como piezas de dominó.
Es sorprendente, aquí donde cada vez parecíamos menos interesados en la política, donde dábamos la impresión de “estar maduros” para que Zelaya hiciera lo mismo, aquí surgió una “Revolución Blanca”.
Cierto que su discurso populista, impreciso, ofensivo a veces, inteligente de cafetín. Sus dichos, el sombrero, las “patas arriba” en un avión, buceando y exponiendo su abdomen al mundo entero, todo eso pareció en efecto gustar a una considerable parte de los hondureños.
Algunas medidas populistas como un desproporcionado aumento al salario mínimo, que llevó al desempleo a decenas de miles y produjo el cierre de buen número de medianas y pequeñas empresas, provocando un caos financiero que afectó hasta las propias dependencias del Estado; ciertamente le ganó alguna simpatía, sobre todo entre los que no perdieron su trabajo.
Y, finalmente, la promesa de que cambiando la Constitución se acabarían todos los males convenció a mucha gente humilde, que no tiene idea de qué exactamente es la Constitución ni cuáles cambios se harían. Pero esa promesa fácil bien manejada con gran respaldo financiero ha servido para engañar a mucha gente en otros países, faltaba ver qué pasaría en Honduras.
No estaba en los planes de Chávez -el verdadero Jefe de Jefes- enfrentar a un pueblo como el nuestro. Los hondureños somos sencillos y hasta confiados, tenemos la tendencia a creer en las ofertas de los Melquíades que aparecen de vez en cuando, pero ciertamente no somos tan tontos.
Aquí, en el país en donde nunca ocurre nada, donde todos creíamos que nuestras instituciones no tenían valor, nos damos cuenta de que somos más fuertes de lo que pensábamos y que nuestro amor a Honduras, a la libertad y la democracia eran también fuertes y no podían ser engañados con cantos de sireno.
He visto jóvenes de blanco -de todas las edades- marchando, bailando, decenas de miles de ellos, en todas las ciudades.
En Honduras nació una Revolución Blanca que será estudiada por sociólogos y politólogos durante mucho tiempo y que quizá nunca sea entendida por todos.
¿Cómo pueden entender en otra parte a un pueblo que ama tan locamente el fútbol y la música, que adora enamorarse y que ríe a carcajadas aún en su propia desgracia?
No saben que detrás de eso se encuentra una verdadera fortaleza, capaz de enfrentar al mundo entero.
Nació aquí una Revolución Blanca que sin duda ayudará a liberar a la propia patria de Bolívar y a otros países ya en poder de Chávez.
Es la teoría del dominó pero a la inversa.
¿Que si amo a Honduras? ¡Me tiene loco de amor!
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Michel Leidermann
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