Anthony Taylor es el nuevo Obispo bilingüe de Arkansas
Por Michel Leidermann
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n El Reverendo Anthony Taylor, el sacerdote de Oklahoma que el pasado jueves 5 de Mayo fue ordenado el séptimo obispo de Arkansas, se autodefine como una persona tranquila.
Cuando Taylor ríe, una amplia sonrisa irradia por debajo de su bigote gris. Cuando se pone serio, la línea de su boca transmite una calmada determinación.
"Tiendo a ser muy franco. Trato de construir puentes. Trato de hablar tan claramente como pueda", dice Taylor.
Taylor habla con la misma convicción en inglés que en español. Y cuando habla, a menudo es "en nombre de aquellos que no tienen voz, para asegurar que sus preocupaciones sean escuchadas”.
La Parroquia del Sagrado Corazón en Oklahoma City, donde Taylor fue párroco durante los últimos cinco años, es 95% latina. Siete de las nueve misas que se realizan allí cada fin de semana son en español, una en inglés, y una en ambos idiomas.
El nombramiento de Taylor como obispo de Arkansas refleja un reconocimiento de parte de las autoridades católicas de que la iglesia en Arkansas se parece cada vez más al perfil de la parroquia del Sagrado Corazón en Oklahoma con más feligreses latinos. Entre 1990 y 2000, la población latina no-nativa en Arkansas aumentó de 4,300 personas a más de 42,000. La oficina del Censo confirmó que esa tendencia ha continuado vigorosamente. El total de población latina en Arkansas según el Censo, es en la actualidad de aproximadamente 150,000.
Los católicos representan una pequeña minoría de la población que asiste a las iglesias regularmente, aunque su número ha aumentado en más del 65% en los últimos 20 años, hasta cerca de 117,000 fieles en Arkansas. Alrededor de la mitad de ese número son inmigrantes latinos.
Si bien algunas iglesias protestantes en los EUA han crecido como resultado de la inmigración procedente de México y de otros países de América Latina, esas denominaciones no han sido tan profundamente afectadas como la Iglesia Católica Romana y Apostólica con la llegada de los inmigrantes.
Mientras Taylor se preparaba para asumir el liderazgo de los católicos en Arkansas, una iglesia que está experimentando un resurgimiento y los dolores propios del crecimiento por la integración de tantos nuevos inmigrantes, el nuevo obispo dijo que esperaba que la diócesis de Arkansas "ayudará a conformar el debate sobre la inmigración en el estado y que el ejemplo de Arkansas podría ser base para el debate nacional”.
Cuando se anunció su nombramiento como obispo de Arkansas, las primeras palabras de Taylor fueron en español "El humilde heredará la tierra". Y continuó, en inglés para explicar que "el amor preferencial de Jesús para los pobres y los marginados fue valiente, no tímido, y nosotros también debemos hacerlo si queremos ser sus fieles servidores".
Taylor agregó que si bien algunos sacerdotes de la diócesis de Arkansas se han pronunciado sobre las cuestiones de inmigración, los administradores de la diócesis han evitado la cuestión en general. Eso podría cambiar ahora dijo, y añadió: "Yo hablo de forma muy clara acerca de lo que el Evangelio enseña sobre la dignidad humana y los derechos humanos."
El año pasado, Taylor se unió al arzobispo de la Ciudad de Oklahoma y a otros nueve sacerdotes, firmando un "compromiso de resistencia" a una ley de Oklahoma, la HB 1804, que suspende o deroga las licencias de negocios de los empleadores que a sabiendas contratan a inmigrantes ilegales y que califica como un delito grave el transportar o dar vivienda a inmigrantes ilegales.
En una declaración de "desacato" dirigida al gobernador de Oklahoma, Brad Henry, el arzobispo y los sacerdotes escribieron: "La tradición de nuestra fe nos instruye a hacer el bien a todos los pueblos. No hay cláusulas de exención para aquellas personas que no tienen la nacionalidad americana. No vamos a demostrar parcialidad a los que están en necesidad de asistencia humanitaria".
Para Taylor, su decisión de firmar el "compromiso de resistencia" nunca estuvo en duda. "Nuestras vidas no están segmentadas", dice. "No es que tenemos una parte de nuestra vida en donde vivimos nuestra fe, y otra parte fuera de ella. Nuestras vidas son un todo".
De hecho, toda la vida del nuevo obispo, desde su nacimiento en Texas en 1954, podría ser vista como una preparación para los retos que le esperan ahora en Arkansas. Como el mayor de 7 hijos, vivió cercano a sus dos abuelos los cuales se convirtieron al catolicismo. El padre de su madre fue criado protestante, y la madre de su padre nació judía.
"Cada uno de ellos pagó un precio por sus conversiones, en términos del rechazo de sus familias. Esto hizo que la religión no fuese aceptada como una cosa cierta en nuestra familia".
En 1960, el padre de Taylor, que trabajaba para Conoco, trasladó a la familia a Ponca City, Oklahoma. Allí, como en Arkansas, los católicos constituían una pequeña minoría religiosa. La vida familiar de los Taylor giró en torno a su parroquia. La familia oraba antes de cada comida. Taylor y sus hermanos se convirtieron en monaguillos. Su tropa de Boy Scouts tenía su base en la iglesia y los valores enseñados por el escultismo hicieron una impresión duradera en Taylor, quien avanzó hasta el rango de Eagle.
Pero fue el asesinato de Martin Luther King, cuando Taylor tenía 14 años, lo que lo afectó más profundamente. Taylor dice que el día en que King fue asesinado "Dios me dió una perspectiva que finalmente me ayudó a escuchar su llamada al sacerdocio."
En la conferencia de prensa para anunciar su nombramiento, Taylor explicó: "La idea de ser un cristiano fervoroso requiere algo más que oraciones y obedecer los mandamientos tratando de enviar su alma al cielo. ... Martin Luther King me enseñó que ser un cristiano devoto exige que yo haga todo lo que pueda para ayudar a construir el Reino de Dios aquí y ahora, y que para ello es necesario coraje, no timidez, el temor a Dios, no el miedo a los hombres”.
En su despacho en Oklahoma, reflexionó sobre ese momento. "Desde el momento de la muerte de Martin Luther King he entendido que las enseñanzas de la iglesia y las acciones del gobierno, no son siempre los mismos".
En la escuela secundaria, Taylor actuó por primera vez con ese entendimiento. Organizó una protesta usando brazaletes negros en contra de la guerra en Vietnam. "Y ese mismo año los Kinights of Columbus me dieron un Premio al Civismo. Eso fue interesante porque significaba que la gente tiene que entender que participar cívicamente, no constituye necesariamente estar de acuerdo con todo lo que el gobierno está haciendo” agregó.
Cuando Taylor tuvo que inscribirse para el servicio militar a los 18 años, se presentó como opositor de conciencia. Pero entonces con la mengua de la guerra, no tuvo que experimentar las consecuencias que sufrieron otros opositores antes que él. "Nunca he tenido que defender esa decisión" dice.
Los padres de Taylor no animaron a sus hijos a considerar la vocación religiosa. Pero cuando Taylor estaba listo para la universidad, ya había comenzado a dedicar una hora diaria a la oración y a la meditación. Esa "hora santa" se convertiría en un hábito para siempre y un punto central espiritual en la vida de Taylor. Lo llevó a entrar en el sacerdocio.
Después de matricularse en la Universidad de Oklahoma, Taylor se transfirió al seminario universitario de San Meinrad en Indiana. Allí, como parte de sus estudios sacerdotales, aprendió latín y comenzó un estudio serio del español.
Después de San Meinrad, aprendió italiano mientras estudiaba las escrituras por un período de cuatro años en la Universidad Gregoriana en Roma, Italia. En trabajos de verano, trabajando en Lourdes, Francia, y en una misión en Kenia, África, añadió algo de los idiomas francés y swahili.
Taylor fue ordenado sacerdote en 1980, a la edad de 26 años. De regreso en Oklahoma, encontró una necesidad creciente de misas en español, al tiempo que las parroquias anglas iniciaban la absorción de nuevos feligreses latinos. Aprendió que la iglesia no sólo servía como una base espiritual, sino "como un hogar" para las personas que estaban separadas de sus tierras natales y de sus familias.
A fines del decenio de 1980, el arzobispo de Oklahoma interrumpió el trabajo pastoral de Taylor para mandarlo a la Universidad de Fordham en el Bronx, Nueva York, donde obtuvo un doctorado en teología bíblica. Taylor centró su disertación de graduación en las metáforas que Jesús dijo acerca de las relaciones entre los sirvientes y sus amos. En su propia vida, expresa "me gusta decirle a la gente que, si Jesús es el pastor, yo soy el perro ovejero al servicio del rebaño y al servicio del maestro".
Durante los últimos 19 años, Taylor fue pastor en la ciudad de Oklahoma, primero fundando una nueva parroquia compuesta principalmente de jóvenes suburbanitas y más recientemente, en el Sagrado Corazón, la segunda parroquia más antigua de la ciudad, una iglesia que había decrecido pero que experimentó renovada vitalidad con el aumento de su membresía que ahora es 95% latina.
"Las dos parroquias son diferentes en términos socio-económicos", dice Taylor, "pero el elemento humano es básicamente el mismo. Tienen los mismos sueños para sus familias. Aportan talentos similares a la comunidad”.
Durante este tiempo aprendió a equilibrar las exigencias de su vida sacerdotal a través de amistades con otros sacerdotes y con los deportes. El racquetball se convirtió en su favorito. Un competidor de mucho tiempo, describe a Taylor como un contrincante implacable e incansable.
Además de sus funciones pastorales, Taylor se desempeñó como vicario de los ministerios de la arquidiócesis, en una tarea en la que supervisó las cuestiones personales de relación ente sacerdotes. Alrededor de un quinto de los sacerdotes católicos en Oklahoma son inmigrantes, procedentes principalmente de la India, con algunos de África. La mayoría de los sacerdotes nacidos en el extranjero trabajan en parroquias pequeñas y rurales, y muchos de ellos tienen necesidades especiales derivadas de la nostalgia y el aislamiento.
Taylor dice que la situación en Arkansas es similar. Casi una quinta parte de los 53 sacerdotes sirviendo a la Diócesis de Little Rock también han llegado desde el extranjero, en este caso, sin embargo, la mayoría son de África y algunos de la India. (44 sacerdotes de órdenes religiosas también sirven a la diócesis, y el clero cuenta con la asistencia de 95 diáconos permanentes).
Como pastor, Taylor considera que los pobres y los que tienen mayor necesidad, tienen derecho a una mayor atención de su parte. A medida que Oklahoma avanzaba para aprobar una de las más duras leyes anti-inmigrantes en el país, el "perro ovejero" se convirtió en una activista defensor de los inmigrantes.
"La iglesia no participa en política partidista ni apoya a candidatos", explica Taylor. "Pero sí tenemos la obligación de decir la verdad tal como la vemos en relación con cuestiones morales. Los asuntos sociales tienen un impacto en las políticas públicas, y ahí es donde la política y la moral se tocan. Es mi responsabilidad hacer lo que pueda para asegurar de que la política pública esté bien informada. Un ejemplo de ello sería que Dios ha otorgado derechos inalienables como seres humanos los que no vienen de parte del Estado. Vienen de Dios, y el Estado no tiene la facultad de negarlos”.
"Lo vimos en el movimiento por los derechos civiles. Derechos que nos llegan como seres humanos, el Estado no tiene la autoridad para impedirlos. Esa es la cuestión actual con relación a la inmigración. El Estado tiene la autoridad para establecer las fronteras para el bien común, pero no tiene la autoridad para impedir el derecho a emigrar cuando las circunstancias así lo requieran. Por ejemplo, los padres tienen la obligación de proveer a sus hijos, y si no pueden hacerlo acorde con sus necesidades humanas básicas, tienen que hacerlo de cualquier otra manera que pueden, y eso incluye la migración” concluye.
"Otra cosa es que la gente tiene un derecho otorgado por Dios para participar plenamente en la vida de la comunidad donde viven. Así que la gente que emigra no debe ser relegada a una condición de segunda clase en el lugar donde viven, donde trabajan, y donde sus hijos se crían” aclara.
"Estos son temas sobre los cuales la enseñanza de la Iglesia no es ambigua. Mi papel es expresar lo más claramente que pueda lo que la enseñanza de Jesús dice acerca de estas y otras cuestiones morales. Pero en lo que respecta a las soluciones legislativas específicas, ese no es mi papel" explica.
Un blogger en una página católica en la Internet, notando que Taylor había elegido las palabras de Jesús "El humilde heredará la tierra " como el lema de su obispado, escribió: "Me suena como la teología de la liberación". La referencia es a una escuela de pensamiento cristiano, especialmente popular en América Latina, que ve las opiniones de Jesucristo como Redentor y Libertador de los oprimidos. Considera el activismo político como una parte de la misión cristiana para lograr justicia para los pobres.
Funcionarios de la Iglesia Católica han rechazado algunos de los elementos de la teología de la liberación - en particular los que son vistos como el reflejo de una ideología marxista. Taylor dice que él también rechaza esas ideas. "El análisis marxista se basa en una visión del mundo que es contrario a la visión del mundo de la fe". Aunque él suscribe a la creencia de que "Dios tiene un especial amor por los más necesitados", Taylor se considera como "bastante tradicional en lo que respecta a las enseñanzas de la Iglesia". En ese sentido, Taylor dice que se opone a leyes que permiten el aborto y la ejecución de los delincuentes.
Taylor fue el sacerdote y confesor de Eric Allen Patton, quien fue condenado a muerte por el asesinato de una mujer, Charlene Kauer, en 1994. Estuvo junto a Patton cuando fue ejecutado en el 2006. En un sermón tres días más tarde, Taylor describió su experiencia de ser testigo de la muerte de Patton, "una muerte que ocurrió el 29 de Agosto, el día en que conmemoramos la decapitación de Juan el Bautista, otro hombre asesinado a sangre fría por el Estado, al igual que Jesús y los dos delincuentes ejecutados a su lado un Viernes Santo, hace 2000 años”.
A principios del año pasado, cuando la legislatura de Oklahoma estuvo a apunto de aprobar la ley HB 1804, Taylor organizó un taller entre los miembros de su parroquia para "hacerles saber lo que pueden esperar y lograr disipar los falsos rumores. Inicialmente, hubo un mucho miedo" dice.
Y añade "pero también reforzó el compromiso entre los feligreses que son ciudadanos, para llevar con ellos las preocupaciones de sus hermanos y hermanas cuando van a votar, y recordarles a los niños nacidos acá, la forma en que sus padres son tratados, de manera que cuando lleguen a cumplir 18 años, ellos no dejen de votar".
Algunas de los feligreses latinos de su parroquia se sumaron a los esfuerzos en Oklahoma por derogar parte de la ley HB 1804, representando la preocupación de las industrias (especialmente la agricultura) que experimentaron una resultante escasez de trabajadores por el temor creado entre los inmigrantes.
En la parroquia de Taylor, sin embargo, la mayoría de las familias latinas no se manifestaron, aunque él dice que "creo que igual las personas se prepararon para lo peor y pusieron sus asuntos en orden. Decidieron con quien deberían quedarse sus hijos si su mamá y papá no estaban cuando llegaran a casa después de la escuela".
En la carta que el arzobispo, Taylor, y otros sacerdotes enviaron al gobernador Henry, denunciaron que la HB 1804 era "una ley injusta e inmoral".
"Debido a que esta ley es excesivamente punitiva y convierte en delito del acto de proporcionar asistencia humanitaria a los personas indocumentadas en necesidad, nosotros... no podemos obedecer esta ley. Seguiremos dando ayuda y asistencia a todas las personas, independientemente de su condición de ciudadanos legales, con caridad y atención espiritual... Estamos unidos, solidariamente, desafiando esta ley por nuestra obediencia a una ley superior, la ley del amor a Dios y a la humanidad".
Los firmantes de la carta hicieron un llamamiento para la derogación de la ley HB 1804 y "la aprobación de la reforma de inmigración que ofrece justicia para todos los hijos de Dios".
"De hecho", dice Taylor, "nuestras leyes de inmigración hoy en día están al revés. Favorecen la fuga de cerebros desde los países del Tercer Mundo y permiten entrar a los EUA a las personas que no sufren hambre en sus propios países. Así se impide entrar a aquellos que tienen más necesidad de emigrar. En lugar de ello, debería favorecerse la inmigración de los más pobres, porque eso es lo que favorece el bien común de ambos países” sostiene.
Taylor cree que partes de la HB 1804 pueden llegar a ser revocadas en el futuro. Pero, con palpable decepción, añade "Si lo son, será por dinero, no por moralidad. En lugar de centrarse en la dignidad humana el debate sobre la inmigración se ha enlazado en un extremo al miedo, y en el otro a la mercantilización internacional de los seres humanos".
El 18 de marzo, cinco días antes de Semana Santa, Taylor recibió una llamada del Nuncio Papal. El representante del Papa Benedicto XVI le preguntó si accedería ser el nuevo obispo de Arkansas. Taylor aceptó y al poco tiempo visitó Little Rock para familiarizarse con la diócesis y con la vestimenta y símbolos que adquirirá como obispo. Entre ellos tenía que elegir el anillo que indicaría su nuevo cargo. Podía haber comprado uno nuevo o diseñar uno el mismo. En cambio, Taylor optó por usar el anillo que fue usado por el primer obispo de Arkansas, Andrew Byrne, quien sirvió en los difíciles años de 1844 a 1862.
La inmigración era un gran problema en ese momento también, y por supuesto así lo era la cuestión de si los esclavos africanos tenían los mismos derechos otorgados por Dios, que los otorgados a los blancos. "Se trata de un simple anillo", dice Taylor, "realmente demasiado elaborado".
Entre dejar a sus amigos de Oklahoma y llegar a Little Rock para su ordenación como obispo el jueves 5 de Junio, Taylor voló a Guatemala para asistir a una tarea final. Durante el último año, Taylor encabezó un grupo que busca la canonización de un sacerdote de Oklahoma quien fue asesinado en la aldea de Santiago Atitlán, Guatemala, en 1981, durante la guerra civil en ese país.
El padre Stanley Rother trabajó en la parroquia de Santiago Atitlán bajo el patrocinio de la arquidiócesis de Oklahoma. Aunque, según Taylor, unos 300 feligreses de Rother habían sido asesinados, y "era bien sabido que la iglesia estaba siendo objeto de ataques por los escuadrones paramilitares relacionados con el gobierno de Guatemala", Rother optó por quedarse con los pueblos indígenas que eran su rebaño. En cartas a casa, Rother escribió, "El pastor no huye."
"Él era muy discreto. Sin embargo, pero identificándose con el pueblo, él estaba haciendo una elocuente y tácita declaración sobre la dignidad humana de estas personas", dice Taylor. Esto estaba en el contexto del genocidio que se cometía contra ellos. Durante el año pasado, Taylor ha reunido declaraciones de personas que conocían a Rother para ayudar el caso de su canonización como mártir.
Es evidente que Taylor admira a hombres como Rother y King. Al igual que Jesús, a quien él describe como "un hombre con 12 hombres en la frontera del imperio más poderoso del mundo", él los ve como estando junto con los oprimidos, a pesar de correr el riesgo de morir por hacerlo.
"Todos estamos llamados a la heroica virtud, aunque no todo el mundo está llamado a demostrarlo de forma visible" dijo Taylor mientras una serena sonrisa cruza su rostro.
"Pero creo que nos manifestaron en el movimiento por los derechos civiles que hay que estar dispuestos a pagar un pequeño un precio. Es por eso que la imagen central de nuestra fe, es el crucifijo".

NOTA de Michel Leidermann: la versión original en inglés de este reportaje fue publicado en el Arkansas Times el pasado 22 de Mayo.
La llegada del obispo Anthony Taylor a Arkansas hará ciertamente que los católicos del estado, de cualquier grupo étnico que sean, reconsideren las enseñanzas de Jesucristo en su posición frente a los inmigrantes, algunos de ellos, abiertamente en contra de darles cualquier oportunidad de justicia, lógica, y humanidad.
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