A LOS JÓVENES MILLENNIALS Y DE GENERACIÓN Z, SE LES LLAMA LA “GENERACIÓN DEPRIMIDA”
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Desde la frustración laboral a la responsabilidad excesiva por problemas globales: son muchas las razones que influyen en el bienestar emocional y mental de los jóvenes.

que pertenecen a la llamada “generación deprimida”, una generación que engloba, en realidad, a dos de ellas: la millennial (también llamada generación Y) y la generación Z.

Identificar y establecer límites generacionales es muy útil para los investigadores sociológicos y antropológicos. Tener información sobre un colectivo, y sobre cómo este interactúa o reacciona a los sucesos económicos, sociales o tecnológicos que suceden a su alrededor es una herramienta muy valiosa.

Seguramente la generación más conocida y criticada, los Millennials son aquellas personas nacidas entre 1981 y 1993 (o 1996, según el organismo que se consulte).

Han crecido con los inicios de la digitalización y su acceso al mercado laboral estuvo marcado por la crisis económica. Queda por ver cómo afecta en su futuro este inicio ‘lento’ que han tenido en sus carreras profesionales.

La generación Z, ha tomado el relevo a los millennials, tienen como mucho 23 años y superan en número a sus predecesores. Son más emprendedores que los millennials. Aprenden rápido y de forma autodidacta, ello los convierte en unos jóvenes mucho más descomedidos que los millennials, educados con sistemas mucho más rígidos.

Lo cierto es que hay cada vez más uso de antidepresivos, más asistencia a terapia psicológica y más expresión autoinformada de ansiedad y tristeza en estas generaciones. 

El trastorno de depresión mayor se manifiesta como un conjunto de síntomas, de los cuales podemos destacar un estado de ánimo deprimido durante la mayor parte del día, disminución del interés por las actividades que antes provocaban placer, pérdida o aumento de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o retraso psicomotor, pérdida de energía, sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse y pensamientos de muerte recurrentes.

No podemos pasar por alto la influencia que ha tenido la pandemia de covid-19 en la población general. Hemos hablamos de estados desagradables como la coronafobia (una ansiedad excesiva a contraer el coronavirus), ansiedad, fatiga pandémica (una reacción de agotamiento frente a una adversidad mantenida y no resuelta), etc. Ante tal escenario, la pregunta es: ¿han afectado estas situaciones particularmente a estas dos generaciones?

La soledad es algo que se relaciona directamente con la tristeza. Si bien es cierto que eso es aplicable a cualquier edad, la necesidad de relacionarse con iguales es mayor en la juventud. Es por esto por lo que las medidas específicas y preventivas del contagio de coronarivus han afectado en particular a esta población.

Por otro lado, la soledad de ese momento choca ahora de frente con la vuelta a la vida social, provocando muchas veces ansiedad en adolescentes y jóvenes. Después del aislamiento debido a la pandemia, muchos jóvenes no se sienten capaces de conectar con sus pares.

Las redes sociales se han convertido en un refugio para muchas personas jóvenes que se sienten mal. Cabe destacar que un uso adecuado de las mismas es positivo. De hecho, en parte gracias a ellas la desconexión social durante el confinamiento, no fue total.

La generación millennial fue educada en una “meritocracia” muy enfocada al éxito laboral y socioeconómico condicionado al esfuerzo. Frases como “Si te esfuerzas, conseguirás lo que te propongas”, la han escuchado la mayoría de ellos.

Es una generación que se ha esforzado por conseguir sus objetivos de vida pero con un resultado de frustración en muchos casos. Los estudios universitarios se equiparaban con éxito laboral y, sin embargo, cuando acabaron dicho periodo, se produjo una crisis económica que no permitió que se pudieran desarrollar en el trabajo. 

Una de las razones por las que se habla más de depresión y ansiedad en estas dos generaciones, es que las personas que la sufren hablan con más naturalidad sobre ello y reconocen más fácilmente los síntomas, sin vergüenza ni miedo. De hecho, la salud mental ya es un asunto muy comentado en las redes sociales, las plataformas en las que más se mueven los jóvenes.

Esto es positivo porque cuando una persona reconoce que se encuentra mal puede buscar ayuda. De hecho, son estas generaciones las que han roto el tabú que rodeaba el cuidado de la salud mental. Ahora son ellos quienes más (y más abiertamente) hablan sobre ir a terapia. También son los que más la recomiendan y quienes más reconocen sus propios problemas. 

 

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