ÓMICRON PRODUCE UNA ENFERMEDAD MENOS SEVERA QUE OTRAS VARIANTES COVID, PERO LOS HOSPITALES SIGUEN DESBORDADOS 
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FOTO: ©Valerii - stock.adobe.com

Entrando en el tercer año de pandemia, el panorama es más confuso que nunca. La evidencia científica apunta a que Ómicron, debido a su asombrosa capacidad de transmisión, produce una enfermedad menos severa que otras variantes (no por ello desestimable), aunque el riesgo individual de quienes también se han puesto la dosis de refuerzo sea bajo, pero los hospitales siguen desbordados.

Si bien abundan las vacunas y ya hay tratamientos autorizados, las cancelaciones de vuelos, cierre de negocios y de escuelas están a la orden del día en algunas regiones del país.

Así como en los primeros meses de la pandemia, las pruebas diagnósticas siguen escaseando y se corre el riesgo de que, de sufrir alguna emergencia médica por cualquier causa ajena al coronavirus, no haya nadie que los atienda en el hospital.

Esquivar el contagio, incluso estando vacunado, en estos momentos es prácticamente una proeza.

Pero gracias a las vacunas y particularmente a los refuerzos, la mayoría se recupera sin contratiempos. No obstante, eso no implica que estar blindados de uno sus peores efectos: la disrupción social en escuelas, negocios eventos deportivos.

Al hablar sobre el impacto de ómicron, mucho se ha dicho sobre las hospitalizaciones incidentales, es decir, aquellas que quedan registradas como Covid positivo, aunque el paciente haya ido al hospital por otra causa.

No se sabe con exactitud qué porcentaje de las personas hospitalizadas encajan dentro de esa categoría, pero en todo caso igualmente tiene repercusiones para la atención hospitalaria al requerir una serie de medidas que incluyen protocolos de aislamiento.

La eterna pregunta es si están hospitalizados con o por Covid. Pero sea cual sea el caso la realidad es que están copando las salas de emergencia, unidades de cuidados intensivos y hospitales”, advierten especialistas.

El sistema de salud ya estaba resquebrajado antes de la llegada de ómicron, que ha llevado a los médicos y enfermeras a un nuevo punto límite, frustrados de atender tantos pacientes que -de estar vacunados- no terminarían allí, lo que empeora la crisis de falta de personal que, según estimados del Departamento de Salud y Servicios Humanos, ya encaran un cuarto de los hospitales de EE.UU..

Todo esto en una sociedad que a nivel individual se empeña en continuar con la normalidad aferrada a la idea de una enfermedad leve. Pero donde muchísima gente tarde o temprano, sufre en carne propia las consecuencias.

En EE.UU. aproximadamente al menos 207 millones de personas estaban completamente vacunadas (63%), lo que incluye a casi 76 millones que han recibido la tercera dosis de refuerzo que es necesaria para redoblar la protección.

Pero quedan todavía demasiadas personas que no han recibido ni siquiera la primera (la gran mayoría de los pacientes que terminan en las unidades de cuidados intensivos) y muchas que no están convencidas de ponerse el refuerzo o booster, algo que no sólo ayuda a protegerse de los peores efectos del coronavirus, sino que a la vez contribuye a frenar el impacto de Ómicron sobre el sistema de 

Durante esta nueva ola del coronavirus, las hospitalizaciones pediátricas por covid-19 han alcanzado un nuevo récord especialmente en un grupo: los niños de 4 años o menos que todavía no son elegibles a la vacuna que todavía podría tardar meses en ser autorizada.

“Entonces es fundamental que los rodeemos de personas que estén vacunadas para protegerlos”, insistió la directora de los CDC Rochelle Walensky hace unas semanas.

La mayoría de los niños con covid-19 siguen presentando una enfermedad leve y esto no quiere decir necesariamente que Ómicron sea más virulenta para este grupo demográfico, sino que al haber más contagios y no ser elegibles a vacunas que los protejan, inevitablemente más niños terminarán en el hospital.

De los niños que sí son elegibles a la vacuna, todavía queda un alto porcentaje sin vacunar lo que tiene efectos sobre el sistema educativo.

La fatiga pandémica ha llevado a muchos a tirar la toalla en lo que se refiere a medidas de protección. Pedirle a la gente que evite aglomeraciones, vaya a fiestas y hasta se ponga la mascarilla es cada vez más difícil, especialmente cuando prevalece una falsa narrativa de que ómicron es ‘leve’, algo que no aplica en todos los casos.

La falta de mensajes claros y coherentes en lo que se refiere a la pandemia por parte de las autoridades sanitarias como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades tampoco ayuda y algo que ha empeorado las cosas.

También se ha criticado la reciente modificación a los criterios para salir de la cuarentena y aislamiento.

Biden se tardó demasiado en tomar medidas para garantizar la disponibilidad y acceso a las importantes pruebas de detección que en países de Europa abundan y son gratuitas.

Ha prometido enviar 500 millones a los hogares, pero no llegarán a tiempo. Ordenó a las aseguradoras que cubran su costo, pero las pruebas rápidas siguen escaseando, al igual que la disponibilidad de citas para tests PCR o antígeno en farmacias o establecimientos médicos. Millones de personas no obtienen un diagnóstico oportuno y contagian a los demás.

También hay un suministro limitado de los tratamientos efectivos para Ómicron: todavía no hay suficientes pastillas antivirales o terapias de anticuerpos monoclonales que ayudarían a evitar muchas hospitaliza

El resultado de todo esto es un comienzo de año que se parece demasiado a marzo de 2020: nuevos mandatos y cierres, colapso del sistema médico, anaqueles más vacíos y poca disponibilidad de tratamientos y pruebas.

Entonces todo apunta a que Ómicron causa una enfermedad menos severa en los vacunados, pero de cierto modo la disrupción que está dejando a su paso es equiparable o peor a la de otras variantes. 

 

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