¿FUE EL ASALTO AL CAPITOLIO UN INTENTO DE AUTOGOLPE INCITADO POR TRUMP?
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Las imágenes de una turba enardecida irrumpiendo en el Capitolio de Estados Unidos mientras sus parlamentarios se escondían aterrorizados en su interior solían ser consideradas como material para una película de ciencia ficción.

Sin embargo, tras el asalto, esas escenas dejaron de ser una fantasía para convertirse en el símbolo más evidente de la severa crisis política en la que se encuentra el país y que ha logrado hacer coincidir a los principales dirigentes de los dos grandes partidos -Republicano y Demócrata- en su condena unánime a estos hechos violentos; una verdadera novedad luego de cuatro años de constantes desacuerdos fraguados al calor de la polarización política.

Miles de seguidores del presidente, Donald Trump, asaltaron la sede del Congreso de Estados Unidos en Washington D.C., el miércoles 6, tras superar las barreras físicas y a las autoridades policiales, mientras se llevaban a cabo sesiones para certificar los votos a favor de Joe Biden.

Lo hicieron poco después de que el presidente se dirigiera a ellos frente a la Casa Blanca y continuara reiterando sus infundadas denuncias de fraude electoral.

El Capitolio vivió escenas de caos, con representantes del Congreso tirándose al suelo, evacuando el lugar y poniéndose máscaras antigases.

La llegada de los manifestantes obligó a los congresistas a suspender la sesión. Trump compartió un video en Twitter en el que les pidió a sus seguidores que se marcharan a casa, no sin antes insistir en su idea de que las elecciones fueron “un robo”.

Un evento que no ocurría en Estados Unidos desde el siglo XIX.

Se podía suponer que esto iba a pasar. Donald Trump y muchos líderes republicanos han estado incitando, han estado mintiendo a su base diciendo que los demócratas están arruinando el país y están perturbando la democracia. 

Y luego, al perder la elección, no solo Trump sino también líderes del Partido Republicano repetían la mentira desacreditando la legitimidad de la democracia y de las instituciones. Después de pasar años movilizando a su base con términos como socialismo o traición, no es sorprendente que haya pasado esto.

Cuando los líderes incitan a sus seguidores en un ambiente altamente polarizado, la gente toma acción. Las palabras tienen significado, tienen poder.

Pero también es sorprendente lo pobremente preparada que estaba la policía del Capitolio.

El presidente ha sido radicalmente violento antes, y si quería evitar esto, debió actuar rápido para impedirlo. Probablemente, no debió haberlos incitado a que marcharan al Congreso. 

El hecho de que republicanos ahora están rompiendo filas con Trump es hipócrita, después de años de apoyarlo, pero es importante y positivo (más vale tarde que nunca). 

Pareciera que fue una variante de lo que llamaríamos autogolpe. Es un presidente movilizando a sus seguidores para mantenerse en el poder de forma ilegal. 

Por los últimos cuatro años nuestra democracia está en una crisis severa y esto fue la culminación de ello. Pero no es que sale de la nada, nuestra democracia ha estado entrando en crisis por varios años y creo que seguirá así.

Pero Trump fracasó y la democracia estadounidense va a sobrevivir los eventos de este asalto.

La gran diferencia entre este autogolpe y otros autogolpes, es que Trump es completamente incapaz de conseguir el apoyo de los militares. Un presidente que intenta quedarse en el poder ilegalmente sin el respaldo de los militares tiene muy pocas chances de tener éxito.

El presidente electo Joe Biden mencionó que la democracia estaba “bajo un asalto sin precedentes” con estos eventos. 

Una situación extraordinaria en el contexto de la historia moderna de EE.UU.. 

Hay mecanismos disponibles en la Constitución y en las legislaturas para manejar una crisis similar.

Formalmente, hay dos mecanismos, pero ninguno ha sido utilizado hasta ahora. Uno es el juicio político o impeachment que lleve a la remoción. 

En Estados Unidos, han ocurrido juicios políticos a presidentes, pero no han resultado en su salida del poder. 

A finales de 2019 y comienzos de 2020, los demócratas promovieron un juicio político en contra de Trump, quien superó ese proceso gracias al voto de la mayoría republicana en el Senado.

El impeachment requiere que una mayoría simple de la Cámara de Representantes vote a favor de la presentación de cargos contra el acusado y que luego sea condenado por una mayoría de dos tercios en el Senado.

La Constitución establece que un presidente “será destituido de su cargo si es acusado en juicio político y condenado por traición, soborno, u otros crímenes o delitos graves”.

Y luego está la enmienda # 25 de la Constitución, que es más reciente pero tampoco se ha utilizado. contempla un escenario en el cual el mandatario no está capacitado para cumplir con su cargo, pero tampoco quiere renunciar.

Ante ese escenario, el vicepresidente y una mayoría del gabinete pueden declarar que el mandatario no puede ejercer su cargo y, así, destituirlo.

La Enmienda 25, propuesta por el Congreso y ratificada por los estados después del asesinato del presidente John F. Kennedy y adoptada el 10 de febrero de 1967, establece los procedimientos para reemplazar al presidente o vicepresidente en caso de muerte, remoción, renuncia o incapacitación.

La Enmienda aclara que el vicepresidente se convierte en presidente (en contraposición al presidente en funciones) si el presidente muere, renuncia o es destituido, y establece procedimientos para cubrir una vacante en la oficina del vicepresidente y para responder a las discapacidades presidenciales.

La mejor salida a la crisis que el mismo Trump creó, es que renuncie, que los de su propio partido lo presionen para que renuncie. Él no lo hará, pero debería.

Ahora Trump sabe que debe irse, pero los estadounidenses van a dejar que Trump pase sus últimas dos semanas en la Casa Blanca. Todo es posible en este punto, pero parece poco probable que intente negarse a mudarse el próximo 20 de enero.

Todavía existirá una derecha radicalizada y movilizada, pero no creo que el nuevo presidente se enfrente a una crisis de gobernabilidad. De hecho, quizá esto lo fortalecerá. Porque ahora los republicanos están al borde de una división severa entre una conformación en la que haya un ala del partido todavía fuertemente alineada con Trump y otra ala que esté tratando de avanzar más allá de Trump y regresar a los orígenes del partido. 

Y si los republicanos quedan divididos, esto va a fortalecer a Biden. 

 

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