¿QUÉ PASA SI NO HAY GANADOR CLARO AL DÍA SIGUIENTE? 

Con mayor votación por correo y profunda polarización política, los resultados electorales estadounidenses podrían tardar más de lo habitual en confirmarse.

Los resultados de las elecciones estadounidenses generalmente se filtran en la noche de elecciones, seguidos de un discurso de concesión del candidato perdedor en las primeras horas de la mañana.

Pero este año, con un número récord de estadounidenses que votaron por correo debido a preocupaciones sobre COVID-19, tomará más tiempo contabilizar las boletas, lo que alargará la noche electoral a un proceso de días o incluso semanas tras el 3 de noviembre.

Agregando a esto las dudas que algunos republicanos han emitido sobre la credibilidad del voto por correo y las reiteradas negativas del presidente Donald Trump a comprometerse a aceptar los resultados, las secuelas de estas elecciones podrían ser caóticas.

Ante este panorama, hay que analizar los posibles escenarios en que podrían derivar de estas elecciones.

En Colorado, Oregon, Washington, Utah y Hawái, esto no debería ser un problema, ya que los votantes y los funcionarios electorales están acostumbrados a lidiar con la votación por correo. Otros estados que han facilitado la votación por correo para los ciudadanos desde marzo, podrían tomar un día o más para contar las boletas, especialmente aquellos que no pueden abrir las boletas enviadas por correo hasta el mismo día de las elecciones, incluidos estados disputados como Wisconsin y Pensilvania.

Durante las primarias que tuvieron lugar después del 17 de marzo, un análisis del Washington Post descubrió que a los estados les llevó un promedio de 4 días informar resultados completos.

En estas elecciones generales, los 50 estados procesarán muchas más papeletas que en las primarias. Algunos estados, incluidos estados indecisos cruciales como Pensilvania y Carolina del Norte, han ampliado sus plazos para aceptar boletas con matasellos del día de las elecciones.

Incluso para los estados que requieren que las boletas se reciban antes del día de las elecciones, podría llevar una semana contarlas todas si el resultado es cerrado, como fue el caso en Arizona en 2018.

En el período previo a las elecciones de 2020, el presidente Trump y otros republicanos han cuestionado la credibilidad de la votación por correo, a pesar de que los casos de fraude con votación postal son muy raros, al igual que el fraude de votación en general, según un análisis de The New York Times.

El propio presidente vota por correo, y lo hizo incluso en las elecciones intermedias más recientes y en las primarias de Florida de este año.

Votar por correo no ha favorecido previamente a una parte sobre la otra. De hecho, los republicanos solían ser un poco más propensos a votar en ausencia.

Entre los estadounidenses que planeaban votar, 6 de cada 10 pretendía hacerlo en persona (80% de los republicanos y 40% de los demócratas), mientras que los otros 4 de cada 10 pensaban emitir sus votos por correo, según la Brookings Institution.

La divergencia en cómo los demócratas y los republicanos planeaban votar este año probablemente signifique que los resultados informados inicialmente, de la votación en persona, favorecerán a los republicanos, mientras que los resultados posteriores de las boletas por correo inclinarán la balanza hacia los demócratas.

Ambas campañas han reforzado sus equipos legales antes de los comicios para enfrentar las posibles demandas por irregularidades de votación y conteo.

Expertos creen que es poco probable una repetición del caso de la Corte Suprema de Bush contra Gore de 2000, que decidió el resultado de esa elección presidencial.

Si ningún candidato obtiene la mayoría de los votos electorales debido a un empate o a disputas no resueltas sobre los votos de los estados, la recién elegida Cámara de Representantes decidiría al presidente hasta el 6 de enero, según lo estipulado en la Constitución.

Para complicar aún más las cosas, si hay estados que no han definido a sus representantes hasta el 8 de diciembre, tal vez debido a demandas aún pendientes, el Congreso no necesariamente tiene que aceptar los resultados de esos estados.

Si no se decide sobre ningún presidente y vicepresidente el día de la toma de posesión el 20 de enero, el siguiente en sucesión presidencial se convierte en el presidente interino, que podría ser, por ejemplo, el presidente de la Cámara de Representantes.

En respuesta al comentario de Trump de que "tendremos que ver qué pasa", en septiembre, los senadores estadounidenses aprobaron por unanimidad una resolución que garantiza una transición pacífica del poder.

Muchos observadores electorales tienen la esperanza de que los resultados sean lo suficientemente claros como para que no lleguen a problemas con la sucesión o relevo en la Casa Blanca.

 

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