EL PROCESO PARA NOMBRAR UN NUEVO MAGISTRADO DEL SUPREMO ANTES DE LAS ELECCIONES
LOS SENADORES REPUBLICANOS EN REALIDAD TIENEN HASTA FINALES DE AÑO PARA APROBAR EL NOMBRAMIENTO
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SI BIDEN GANA Y LOS DEMÓCRATAS RECUPERAN EL SENADO PODRÍAN AUMENTAR EL NÚMERO DE MAGISTRADOS DEL SUPREMO 

El proceso para cubrir la vacante de la juez Ginsburg depende enteramente de los republicanos y lo pueden hacer tan rápido como quieran, con el único condicionante de la conveniencia electoral. Faltan 33 días hasta las elecciones generales y bnombrar un nuevo magistrado del Tribunal Supremo en ese plazo sería raro, pero no es imposible. 

El procedimiento para sustituir a la fallecida Ruth Bader Ginsburg, está en manos del presidente Donald Trump, que envía la propuesta al Senado; del senador Lindsey Graham, presidente del Comité de Justicia, que la debate y aprueba; y del senador Mitch McConnell, líder de la mayoría, que convoca la ratificación en el Pleno. Los tres republicanos están en perfecta sintonía y dispuestos a seguir adelante.

El Tribunal Supremo se compone de nue9ve magistrados. No hay normas fijas sobre sus cualificaciones personales o profesionales. El cargo es vitalicio. Solo se producen vacantes por fallecimiento (dos de las tres últimas), dimisión (la anterior a esta) o destitución por el Congreso (no ha sucedido nunca). 

El Tribunal Supremo es el intérprete máximo de la Constitución. Es el último recurso. Siempre tuvo un componente político, pero en las últimas décadas desde que una decisión suya giró la elección presidencial de 2000, se ha ido politizando mucho más. Un fallo del Tribunal puede decidir asuntos de gran trascendencia, algo especialmente significativo en los de índole social, como el aborto o el matrimonio homosexual, legalizados de facto por sentencias del Supremo.

La politización del Supremo llegó a su punto máximo en 2016 cuando murió de forma repentina el magistrado conservador Antonin Scalia, ídolo de la derecha religiosa. Con Barack Obama en la presidencia, los demócratas tenían la oportunidad de sustituirlo por un magistrado progresista y cambiar la mayoría en el Tribunal, 5 a 4 a su favor, por primera vez en décadas. 

Los senadores republicanos se negaron siquiera a dar audiencia al nominado de Obama con el argumento de que era año electoral (faltaban 10 meses para las elecciones). Fue una jugada política tan inaudita como efectiva. La posibilidad de nombrar al sustituto de Scalia movilizó a los republicanos más que cualquier otro asunto, ganaron las elecciones con Donald Trump que entonces cubrió la vacante con el juez conservador Neil Gorsuch.

En 2018, el magistrado conservador Anthony Kennedy anunció su retirada, precisamente para ser sustituido por otro conservador más joven Brett Kavanaugh, de 53 años entonces, que garantiza tres o cuatro décadas de votos conservadores. Kavanaugh fue sometido a un escrutinio sin precedentes en el Senado. Una mujer detalló ante el Senado un abuso sexual cometida presuntamente cuando el juez era adolescente, pero fue aprobado por una estrecha mayoría.

Ahora, con la muerte de Ruth Bader Ginsburg, los republicanos ven la posibilidad de sustituirla por un conservador y sedimentar definitivamente el Supremo, 6 a 3, con jueces conservadores. En los temas más controvertidos el magistrado John Roberts, se ha alineado con los progresistas para evitar decisiones abiertamente partidistas. 

Parte de la responsabilidad por el posible sucesor conservador, la tienen los demócratas. Barack Obama tuvo una oposición sin precedentes en el Senado. Todos sus nombramientos de jueces federales (el mismo proceso que los del Supremo) fueron sistemáticamente bloqueados por la minoría republicana. Las normas del Senado exigían una mayoría de 60 votos para estos nombramientos. Finalmente, en 2013 los senadores demócratas decidieron usar la llamada “opción nuclear”, es decir, cambiar las normas del Senado para poder nombrar jueces por mayoría simple de 51 votos. 

Esa decisión se acabaría volviendo en su contra. En 2017, cuando los demócratas trataron de bloquear el nombramiento de Neil Gorsuch, la nueva mayoría republicana en el Senado usó la “opción nuclear” y Gorsuch fue confirmado por 54 votos a 45.

Los republicanos tienen ahora 53 senadores, más la presidencia (el vicepresidente, Mike Pence, es también presidente del Senado). Los demócratas, con 47 escaños, no pueden impedir en la práctica el nombramiento del sustituto de Ginsburg.

Una vez enviado el nombramiento al Senado, hay tres etapas. Una investigación del Comité de Justicia sobre el candidato, una comparecencia pública donde debe responder preguntas de los senadores, y la votación del pleno. Desde 1975, se ha tardado 40 días de media entre la nominación formal y la comparecencia que dura cuatro o cinco días, pero se puede alargar.

En cualquier caso, aunque las elecciones son el 3 de noviembre, el Senado sigue en activo hasta finales de diciembre y el nuevo presidente no toma posesión hasta el 20 de enero. Es decir, que los republicanos en realidad tienen hasta finales de año para aprobar el nombramiento. 

Estrategas demócratas hacían circular la opción de cambiar las reglas para anular la mayoría republicana. Si Biden gana la presidencia y los demócratas recuperan el Senado (que es muy posible) el 3 de noviembre, la nueva mayoría puede cambiar el número de magistrados del Supremo. No está escrito en la Constitución que tengan que ser nueve. El número ha variado históricamente entre 6 y 10. Es una ley, y como tal se puede cambiar. Ampliar el número de magistrados a 12, por ejemplo, de los que Biden nombraría inmediatamente a tres, dejaría el tribunal equilibrado. 

El control del Tribunal Supremo, y al sistema judicial en general, es un objetivo que la derecha más conservadora lleva trabajando décadas. El gran objetivo final es resolver para siempre asuntos que consideran parte de la esencia moral del país, como revertir la sentencia que legalizó el aborto en 1973 (Roe v. Wade que dictaminó que la Constitución protege la libertad de una mujer embarazada de elegir tener un aborto sin restricciones excesivas del gobierno) o frenar cualquier intento de poner controles a las armas y avanzar en la sanidad pública. Entre los asuntos más inmediatos que va a resolver el Tribunal Supremo después de las elecciones está el tercer intento republicano contra Obamacare, que instauró un incipiente modelo de sanidad pública. 

 

Edición de esta semana
JOYCE ELLIOT, PARA CONGRESISTA EN WASHINGTON D.C.
Joyce Ann Elliott (nacida el 20 de marzo de 1951) creció en la pequeña comunidad de Willisville, en el condado de Nevada, Arkansas, donde se graduó de la escuela secundaria rural, en una clase con sólo 9 estudiantes. Joyce fue la segunda alumna negra en graduarse de la escuela. Su hermana mayor, Carolyn, fue la primera.   / ver más /
Daisy Bonilla es la candidata demócrata para el escaño del Distrito 93 de la Cámara de Representantes de Arkansas que actualmente tiene ocupa el republicano Jim Dotson.   / ver más /