DE LA CONTENCIÓN A LA ATENUACIÓN

La situación con el coronavirus ha cambiado dramáticamente en las últimas semanas. Estamos en medio de una pandemia mundial, y EE.UU. verá una escalada aún más dramática en las próximas semanas.

Un brote moderado en el país podría provocar que 200,000 pacientes necesiten cuidados intensivos, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos, pero EE.UU. solo tiene 100,000 camas de cuidados intensivos, y la mayoría ya están ocupadas.

Los hospitales ya están aumentando su capacidad, cancelando procedimientos de rutina, aumentando la telemedicina y aconsejando a las personas que se queden en casa.

Pero los hospitales por sí solos no pueden resolver esta crisis. Depende de todos nosotros disminuir la demanda de atención hospitalaria al reducir la tasa de transmisión de enfermedades. En epidemiología, esto se llama aplanar la curva.

No podemos detener la transmisión por completo, pero podemos ralentizarla. De esa manera, podemos reducir el número de pacientes con enfermedades agudas y reducir la probabilidad de que los pacientes que necesitan atención tengan que irse.

Hasta ahora, EE.UU. se ha centrado en la contención: poner en cuarentena a los viajeros e investigar los contactos de los enfermos con otras personas. A medida que se detecten más y más casos, las agencias de salud pública no podrán mantenerse al día, ni tendría sentido intentarlo. 

El foco tiene que pasar de la contención a la atenuación.

Estos esfuerzos ya han comenzado. Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) anunciaron nuevas pautas para las personas más vulnerables al coronavirus (personas mayores de 60 años con afecciones médicas subyacentes) para evitar lugares llenos de gente y no realizar vuelos y cruceros innecesarios o por placer. 

Las principales conferencias deportivas universitarias y ligas profesionales que afectan a cientos de miles de personas, están siendo canceladas.

Todas estas son decisiones oportunas, apropiadas y responsables. Es hora de que todos los sectores implementen medidas de distanciamiento social que están bajo su control. Muchas compañías ya comenzaron el teletrabajo y cancelaron los viajes no esenciales. Algunos trabajos no se prestan para trabajar desde casa, pero todos aquellos que puedan hacerlo deben hacerlo.

Las reuniones públicas deberían cambiarse a conferencias virtuales. Las universidades y las escuelas cambiaron a la instrucción en línea.

Todas estas decisiones vienen con compensaciones. Dañarán la economía a corto plazo. Pero las acciones audaces salvarán vidas. Durante la pandemia de influenza de 1918, Filadelfia organizó un desfile de 200,000 personas, mientras que St. Louis cerró escuelas, teatros y eventos deportivos. La tasa de mortalidad la ciudad de Filadelfia fue el doble que en la ciudad de St. Louis, un resultado directamente atribuible a las acciones preventivas en St. Louis, aunque inicialmente impopulares.

Incluso si los jóvenes y sanos no se enferman gravemente, pueden transmitir el coronavirus. Todos pueden quedarse en casa cuando están enfermos, cubrirse al toser y estornudar y dejar de darse la mano. Lavarse las manos con frecuencia hace una gran diferencia. Juntos, podemos reducir el riesgo para nosotros y para todos los que nos rodean.

El alcalde de Little Rock, decretó un toque de queda para la ciudad entre la medianoche y las 5 de la madrugada, algo que no entiendo completamente ya que entre esas horas la gente no camina por las calles año ser que tengan que ir a trabajar y ellos están exentos de la prohibición al igual que la gente que viaja en auto. Para mí, esa acción solo logara hacer cundir el pánico. 

 

 

Edición de esta semana
EL CORONAVIRUS, LA DEPRESIÓN Y SU EFECTO EN LA SALUD MENTAL
Por Michel Leidermann
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