ENRIQUETA FAVEZ, LA PRIMERA MUJER QUE VESTIDA DE HOMBRE EJERCIÓ LA MEDICINA EN AMÉRICA
UNA VEZ RECIBIDA, TRABAJÓ COMO CIRUJANO MILITAR DURANTE LAS GUERRAS NAPOLEÓNICAS Y PARTIÓ A INICIAR UNA NUEVA VIDA EN BARACOA, EN EL ESTE DE CUBA.
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El desconocido caso de Enriqueta Favez, la primera mujer que, vestida como hombre, ejerció la medicina en América, fue recientemente publicado por BBC Mundo. 

Esta joven siguió a su marido a la guerra, y cuando este murió, ella asumió su identidad masculina bajo el nombre de Enrique Favez. Estudió medicina vestida de hombre, y ejerció la profesión como cirujana. Luego se casó con una mujer llamada Juana De León, quien la denunció al descubrir su verdadero sexo.

Enriqueta practicó la medicina e incluso sirvió en el ejército de Napoleón antes de que su verdadera identidad fuera descubierta. Su extraordinaria historia fue documentada en un nuevo libro. Titulado ‘Por andar vestida de hombre’, el libro fue escrito por el historiador cubano Julio César Gonzáles Pagés, con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

“Trata de una mujer suiza que se disfrazó de hombre para convertirse en doctor porque no se permitía entonces a las mujeres estudiar medicina. Ella fue una médica que superó todos los límites”, explica Gonzáles Pagés.

No se sabe mucho sobre los orígenes de Enriqueta, excepto que nació en el seno de una familia burguesa en Lausana, alrededor de 1791. A los 15 años se casó con un soldado francés que sirvió en el ejército de Napoleón. Enriqueta enviudó tres años más tarde y perdió a su pequeña hija. Cómo y por qué fue a estudiar medicina en la Universidad de París, una profesión destinada exclusivamente a los hombres sigue siendo un misterio, pero parece que contaba con la bendición de su tío, un coronel del ejército.

Fue con ropa de hombre y se presentó como un funcionario del ejército, tomando el rango de su difunto marido.

Una vez recibida, trabajó como cirujano militar durante las guerras napoleónicas. Fue capturada en España por las tropas de Wellington. Ya entonces sola - su tío muerto en España – partió a iniciar una nueva vida en el extranjero.

Enriqueta terminó en Baracoa, en el este de Cuba. Una ciudad plagada de piratas y con un bochornoso clima tropical, donde no era fácil instalarse. Como el doctor Enrique Favez, muy pronto se hizo de una lista de pacientes, que incluyeron a la gente pobre, a la que también enseñó a leer y escribir. Para 1823 ya era un renombrado cirujano. En Baracoa se enamoró y se casó con una muchacha local, Juana de Léon, y llevaba una vida holgada y respetable, aunque salpicada por rencillas y altercados resultados de los usos y abusos del alcohol.

Pero no se sabe si fue una relación consciente entre dos mujeres lesbianas o si fue sólo un arreglo mediante el que Juana, una mujer pobre cubana, recibió apoyo económico.

Para la gente de la Baracoa (Cuba) del siglo XIX, su doctor suizo era una figura sumamente respetada. Imagínese su impresión con la escandalosa revelación de que “él” era “ella”. 

Algo sucedió luego de su matrimonio, la gente comenzó a sospechar acerca de la verdadera identidad de su doctor y fue detenida. La sociedad católica burguesa se escandalizó y en el proceso en su contra, Enriqueta afrontó la ira de la masculina élite dirigente.

Al principio insistió en su identidad masculina, pero después de un degradante examen físico y de las evidencias presentadas por Juana. Cuando los médicos y los agentes de policía se preparaban para comenzar el examen, Favez trató de impedirlo y contó su dolorosa verdad a viva voz. Pero fue inútil: los médicos y guardias lo desnudaron y revisaron su cuerpo, parte por parte, con cuidadosa minuciosidad. En el informe del proceso judicial que aún se conserva en el Archivo Nacional de Cuba, todavía pueden leerse los resultados de aquella inspección.

Fue puesta en prisión en La Habana, antes de ser enviada a vivir con sus parientes en Nueva Orleans, en Estados Unidos, a los 33 años. A su llegada, sus parientes, queriendo proteger el apellido, guardaron el secreto y la enviaron a un convento de monjas.

Como la Hermana Magdalena siguió ofreciendo sus servicios médicos a los pobres y se hizo misionera en México.

Murió en 1856, a los 65 años. vistiendo los hábitos de las hijas de la Caridad y fue enterrada con ritos católicos en el cementerio antiguo de Nueva Orleans.

Cuando en 2005 el huracán Katrina cruzó Guadalupe, devastó el oriente de Cuba y siguió su paso imparable hacia Nueva Orleans, en una ruta similar a la seguida por Favez en su paso por América, destruyó su tumba y con ella, uno de los últimos recuerdos de una de las mujeres más sorprendentes que marcaron la vida del continente en el siglo XIX. 

 

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