EL FRACASO DE LA GUERRA CONTRA LAS DROGAS. ENTONCES, ¿QUÉ HACER?
LAS POLÍTICAS INFLEXIBLES HAN LLEVADO A MILES DE JÓVENES ADICTOS A LLENAR LAS CÁRCELES. LA ADICCIÓN ES UNA ENFERMEDAD CRÓNICA Y RECURRENTE DEL CEREBRO QUE SE CARACTERIZA POR LA BÚSQUEDA Y EL CONSUMO COMPULSIVO DE DROGAS 
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La guerra contra las drogas en Estados Unidos ha sido un fracaso que ha arruinado miles de vidas, ha abarrotado las cárceles y ha costado billones. Comenzó durante el gobierno de Richard Nixon (1969 – 1974) con la idea de que, dado que las drogas son malas para las personas, tiene que ser difícil el conseguirlas. En consecuencia, se planteó una guerra contra el suministro de drogas.

Durante la epidemia del crack en la década de los 80, Nancy Reagan, la primera dama, trató de cambiar este enfoque. Sin embargo, su campaña para reducir la demanda “Di no a las drogas”, tuvo un respaldo limitado. El 25 de octubre de 1988, dijo ante las Naciones Unidas: “Si no podemos detener la demanda de drogas, habrá pocas esperanzas de evitar que los productores extranjeros complazcan esa demanda. No lograremos nada si demandamos una carga de responsabilidad mayor a los gobiernos extranjeros que a los policías, jueces y legisladores. El cartel de la cocaína no comienza en Medellín, Colombia. Comienza en las calles de Nueva York, Miami, Los Ángeles y en cada una de las ciudades estadounidenses donde se vende y compra drogas”.

Su advertencia, aunque profética, no fue tomada en cuenta. Estados Unidos tiene una de las tasas más altas de abuso de drogas del mundo. Restringir el suministro no ha logrado frenar su consumo y las políticas inflexibles han llevado a miles de jóvenes adictos a llenar las cárceles, donde aprenden a convertirse en verdaderos criminales.

El alto precio de las drogas en el mercado negro ha generado a los grupos que las producen y las venden, ganancias enormes, que invierten en comprar armas sofisticadas, contratar pandillas que defiendan su negocio, sobornar a funcionarios públicos y, con la idea de convertirlos en adictos, hacer que las drogas sean de fácil acceso a los niños y en las escuelas.

La crisis actual de opioides profundiza la importancia de frenar la demanda. El gobierno debe diseñar a nivel nacional, campañas educativas rigurosas para convencer a las personas de no consumir drogas. Este enfoque, con suficientes recursos y el mensaje correcto, podría tener un impacto similar al de la campaña para reducir el consumo de tabaco.

También debemos despenalizar la posesión a pequeña escala de drogas para uso personal, de manera que se detenga el flujo de consumidores no-violentos al sistema penal. Algunos Estados han despenalizado la posesión de cierta cantidad de marihuana y legalizado el uso restringido de cannabis recreacional. Al mismo tiempo, debemos seguir considerando ilegal la posesión de grandes cantidades de droga, de manera que los traficantes puedan ser procesados judicialmente y se mantenga cierto control sobre el suministro.

Por último, debemos crear centros de tratamiento de primer nivel con personal capacitado, donde la gente de todas las edades, esté dispuesta a ir sin temor de ser condenada y con la confianza de que recibirá una atención eficaz. Aunque es difícil lograr que los adictos de más edad dejen las drogas, los programas de tratamiento para los jóvenes, pueden ofrecerles servicios útiles.

Ante un problema tan complejo, debemos estar dispuestos a experimentar con distintas soluciones. Debemos tener la paciencia para evaluar qué funciona y qué no. A medida que estos esfuerzos progresen, las ganancias del narcotráfico se reducirán en gran medida.

La adicción se define como una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas, a pesar de sus consecuencias nocivas. Se considera una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican este órgano: su estructura y funcionamiento se ven afectados. Estos cambios en el cerebro pueden ser de larga duración, y pueden conducir a comportamientos peligrosos que se observan en las personas que abusan del consumo de drogas.

Tenemos una crisis y durante los últimos 50 años hemos sido incapaces de resolverla. Sin embargo, se necesita ver más allá de la idea de que la adicción a las drogas es un problema judicial que puede solucionarse solo con arrestos, juicios penales y restricciones al suministro. Debemos atacarlo junto con políticas de salud pública y educación. ¡Pero debemos comenzar ya! 

 

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