LATINOAMÉRICA A LA VANGUARDIA DE LA LUCHA LGBT
Por Michel Leidermann

Son como las dos caras de una moneda. Por un lado, está el machismo y la homofobia, reflejados en los sondeos de opinión, las vergonzosas declaraciones de líderes religiosos y políticos, y los altos índices de violencia contra los miembros de la comunidad LGBT — Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transgénero. 

Por el otro lado están los impresionantes cambios. Leyes contra la discriminación a los gais se han propagado por la región, así como leyes que permiten a los homosexuales prestar servicios militares. Parejas del mismo sexo ya pueden casarse y adoptar niños en varios países, y hasta se ha aprobado legislación para asistir a la población transgénero. Uruguay, Argentina, Brasil y México han avanzado más rápido en la lucha por los derechos LGBT que Estados Unidos y muchos países europeos.

¿Qué explica esta paradoja? La respuesta es simple: el ingenio y la tenacidad del activismo creativo de la comunidad LGBT ha puesto en evidencia la falta de imaginación y la relativa autocomplacencia de casi todos los que invierten tiempo y esfuerzo a promover y defender derechos civiles.

Pero su labor es complicada. En casi todos los países latinoamericanos la mayoría de la población considera inmoral la homosexualidad y los problemas de exclusión y discriminación son aún graves. La comunidad LGBT confronta además la poderosa oposición de la Iglesia Católica y los protestantes evangélicos. Estos obstáculos, sin embargo, han forzado a los activistas a idear estrategias innovadoras. 

Los grupos LGBT suelen ser de izquierda. Pero son más pragmáticos que revolucionarios. Buscan la concertación en vez de la confrontación. Por eso buscan cuidadosamente identificar a militantes de partidos que los pueden ayudar e instituciones con las cuales existe una posibilidad de colaborar. La lección: las instituciones y los partidos no deben ser vistos como enemigos, sino como oportunidades para encontrar amigos.

El movimiento LGBT aprovecha las nuevas plataformas digitales para organizarse, aprender de sus pares en otros países y difundir más eficazmente sus mensajes. También promueven la idea de un mercado pudiente LGBT que los empresarios pueden explotar para obtener mayores ventas. 

Los sectores conservadores son los que más se oponen al avance de los derechos gay. Pero algunos grupos LGBT responden a los ataques conservadores con argumentos conservadores. Por eso hablan del matrimonio del mismo sexo como una manera de fortalecer las relaciones de pareja, promover la monogamia y crear estabilidad en los derechos de propiedad.

Las comunidades LGBT suelen ser pequeñas. Y saben que, sin ayuda de otros grupos, es difícil que su voz se escuche. Eso los lleva a enmarcar su lucha dentro de una causa más amplia, menos controversial y más difícil de criticar: la igualdad. Este enfoque les ha permitido unir esfuerzos con otros movimientos. 

En ciertos sectores apoyar los derechos LGBT ha pasado de ser un motivo de vergüenza a una posición culturalmente aceptable. Más aún, apoyar los derechos gais no es ya solo aceptable sino una insignia de modernidad y cosmopolitismo; una manera de reafirmarse como una persona abierta, tolerante y progresista. 

Lo asombroso es que los eran casi inimaginables hace pocos años. La velocidad con que han ocurrido ha sorprendido a los mismos activistas, lo cual nos recuerda que la historia a cada rato nos demuestra que la transición entre lo inconcebible y lo inevitable puede ocurrir muy rápidamente. n

 

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