LA BATALLA DEL CINCO DE MAYO 1862
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La historia del Cinco de Mayo tiene sus raíces en la ocupación francesa de México. Esta tomó forma en la etapa posterior a la Guerra México-Estados Unidos de 1846-48. Con la ocupación, México entró en un período de crisis nacional por años, no sólo de lucha contra los norteamericanos sino de Guerra Civil, que dejaron a México devastado y en bancarrota.

En julio de 1861, el presidente Benito Juárez lanzó un mandato en el cual se indicaba una moratoria para las deudas internacionales por un período de 2 años, con la promesa de que después del mismo, los pagos serían cumplidos. 

Los ingleses, españoles y franceses rechazaron lo anterior y, en su lugar, decidieron invadir y hacer que México pagara a como diera lugar. 

Los españoles e ingleses, eventualmente, se retiraron del país; sin embargo, los franceses rehusaron irse. Su intención era crear un Imperio en México bajo el yugo de Napoleón III, como base para futuras conquistas en el continente. En 1862, el Ejército francés comenzó su avance desde Veracruz. 

La ciudad de Puebla era un sitio estratégico, rodeada por fuertes ubicados en la cima de los cerros que dominan la ciudad. Ahí, el general Ignacio Zaragoza Seguín, mexicano nacido en Texas cuando ésta aún era provincia mexicana, al mando de unos 4.500 hombres mal armados, derrotó de manera contundente a un ejército francés de 8.000 soldados bien entrenados y bien armados. 

La defensa se organizó en los fuertes de Loreto y Guadalupe y la familiaridad de los mexicanos con el terreno, hizo la diferencia. La irregularidad del terreno dificultaba el avance de los franceses, y gran parte de sus tropas se desbandaron cuando los habitantes de la ciudad organizaron una estampida de ganado para ayudar a los defensores. Para terminar de sellar la suerte de los franceses, se desató una tormenta, y el lodo impedía cualquier intento de avance de parte de los franceses, que terminaron tocando retirada y retrocedieron hasta Orizaba.

Zaragoza ganó la batalla, pero no la guerra. Cinco meses después del 5 de mayo, en septiembre, Zaragoza, que acostumbraba elevar la moral de sus tropas visitando a los heridos y enfermos, cayó enfermo de fiebre tifoidea, muriendo el 11 de septiembre de 1862. 

Las tropas francesas, reforzadas con 30.000 soldados, continuaren su avance y derrotaron a las fuerzas mexicanas y ya para 1864 ocupaban la Ciudad de México. 

El presidente Benito Juárez continuó al frente del gobierno en el exilio y reorganizó las tropas mexicanas, que acabarían con los sueños franceses y con Maximiliano en 1867. 

 

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