NEIL GORSUCH ASUME COMO MAGISTRADO VITALICIO DE LA CORTE SUPREMA
PARTICIPARÁ EN DECISIONES SOBRE LEGALIDAD DEL VETO MIGRATORIO, POSESIÓN DE ARMAS Y LA SEPARACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO EN LAS ESCUELAS 
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Donald Trump ya ha dejado su huella en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. El Senado confirmó el viernes 7 a su nominado, el juez federal Neil Gorsuch, para ocupar un cargo vitalicio en la corte suprema, cargo al que juramentó en una ceremonia en la Casa Blanca el lunes 10. 

El senado ha cerrado además una de sus batallas políticas más intensas de los últimos años, que solo llega a su fin después de que los republicanos cambiaron las reglas del Senado para evitar que Trump tuviera que retirar a su candidato.

Gorsuch (49 años) recibió el apoyo de los 54 senadores republicanos y de otros dos demócratas. El resto de la oposición, 45 demócratas, votó en contra. Desde el Supremo, el juez puede resultar clave en los próximos meses, cuando se espera que el Tribunal Supremo estudie la legalidad del veto migratorio del presidente Trump, regulaciones sobre la posesión de armas o la separación entre Iglesia y Estado en las escuelas americanas.

A pesar de que el nuevo juez no cambiará el equilibrio ideológico de la corte —5 conservadores y 4 progresistas— Gorsuch ha ascendido al cargo con un respaldo extremadamente inferior al de sus antecesores, en un claro reflejo de la polarización que afecta al congreso estadounidense la que se ha acentuado aún más desde la llegada de Trump al poder.

El presidente republicano prometió en la campaña electoral que nombraría a un juez digno de heredar el puesto de Antonin Scalia, el magistrado fallecido en 2016 y que defendió algunas de las posturas más conservadoras gracias a su estricta interpretación de la Constitución. Gorsuch comparte con Scalia el arte de hacer literatura con sus sentencias y encaja en su mismo molde ideológico. 

Trump le atribuye “un intelecto excepcional, una integridad inigualable y un historial de independencia que le convierte en el candidato perfecto”. 

Pero el rechazo a su confirmación en el congreso, creció aún más cuando Gorsuch se negó a responder a las preguntas de los senadores demócratas acerca de si garantizaría derechos sociales como el aborto, adquiridos desde hace décadas por los estadounidenses.

Los tres días de audiencias en el Senado sirvieron para escenificar las distintas opiniones de Gorsuch según el partido político. Mientras los republicanos elogiaban sus talentos y aludían a elementos triviales de su carrera judicial —como su afición a la pesca o al esquí—, los demócratas rescataban escritos de cuando asesoró al Departamento de Justicia de George W. Bush en el uso de torturas en los interrogatorios a sospechosos de terrorismo.

La disputa para confirmar a Gorsuch se recrudeció aún más, cuando los demócratas anunciaron que tenían suficientes votos para impedir su ratificación. Las reglas del Senado establecían hasta el jueves 6, que cualquier nominado necesitaba recibir al menos 60 votos. Los republicanos, con 52 senadores, dependían del voto de 8 demócratas para elegirlo. 

Pero todo cambió cuando el líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell, cambió las reglas para que, en vez de 60 votos, Gorsuch pudiera ser confirmado por mayoría simple, 51. La decisión afecta a los todos próximos nombramientos de jueces al Supremo y marcará un antes y un después tanto en la corte como en el funcionamiento del Senado. 

 

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