EL COLEGIO ELECTORAL ES UNA RELIQUIA MEDIEVAL
Por Michel Leidermann

Dos de los tres presidentes de Estados Unidos de este siglo han sido elegidos por una mayoría en el Colegio Electoral y una minoría de votos populares. Pero el Colegio Electoral no es un invento americano, sino una reliquia medieval. Durante varios siglos, muchas comunidades políticas en Europa y en las Américas, usaron electores seleccionados en diferentes unidades políticas y territoriales. 

Los orígenes se remontan al siglo XI, cuando los reyes francos, carolingios, bohemios, húngaros y polacos eran elegidos por sus pares, reunidos en colegios de electores formados por duques, marqueses, condes y obispos. Se utilizaron fórmulas similares para elegir altos magistrados, así como abades y abadesas de los dominicos y otras órdenes monásticas.

Pronto les siguió el Cónclave de los Cardenales para elegir al Papa. Inicialmente, votaban los cardenales-obispos de más alto rango, los cuales se suponía que serían capaces de persuadir a los cardenales-sacerdotes y a los cardenales-diáconos. Pero a menudo surgió la discordia entre la “parte más sabia” (los obispos) y la “parte mayor” en votos. Una serie de candidatos se negó a aceptar la derrota, lo que provocó el auto-nombramiento de “anti-papas” y varios cismas en la Iglesia. En el siglo XIII, el papa Gregorio tuvo que aclarar que “no deben compararse el celo con el celo, ni el mérito con el mérito, sino únicamente los números con los números [de votos]”.

Posteriormente, la fórmula del colegio se usó para seleccionar tanto a Alexander Hamilton en Estados Unidos como a Simón Bolívar en América del Sur. 

Tras ser incluido en la Constitución de Estados Unidos en 1789, el Colegio Electoral fue adoptado por otros países —usualmente con el nombre de “junta”— en Venezuela en 1819, Colombia en 1821, México en 1824, Argentina en 1826, Bolivia, Chile y Perú en 1828, Brasil en 1834 (para la elección del regente), República Dominicana en 1844 y Cuba en 1902. También fue utilizado en la República Federal de América Central en 1824 y en los países que posteriormente se separaron de ella: Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

En la mayoría de los casos, el Colegio Electoral daba el mismo número de electores a cada unidad territorial, ya fuera un Estado o una provincia. Esto produjo la elección de varios candidatos que habían perdido el voto popular. En algunos casos, el sistema preveía que, si ningún candidato obtenía la mayoría de electores, el Congreso elegiría al presidente. Esto sucedió cuatro veces en Colombia, tres en Bolivia, tres en Argentina, una en México y otra en Venezuela.  

Actualmente, sólo Estados Unidos usa el colegio electoral presidencial.

Tanto George W. Bush como Donald Trump perdieron el voto popular, pero ganaron una mayoría en el Colegio Electoral. Sus partidarios sostienen que, si el sistema hubiera sido diferente, podrían haber ganado el voto popular, simplemente haciendo otro tipo de campaña. No es posible saber ahora quién habría ganado una elección directa basada en el voto popular.

Si fuese reemplazado por una elección popular directa a nivel nacional, no sólo cambiarían las estrategias electorales, sino probablemente también los partidos mismos. Las campañas no se centrarían en los Estados con ganador incierto, sino en los Estados más poblados. La participación general de los votantes probablemente sería mayor de lo que es hoy. Los Estados pequeños ya no tendrían tanta influencia en las elecciones primarias. 

Dado el alcance del cambio, la mayoría de los políticos actuales indudablemente se opondrían a cualquier intento de reemplazar el Colegio Electoral por un sistema universal. 

 

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